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Columna destacada | líder | Donald Trump | Freud

Freud en la Casa Blanca

¿Qué tiene en la cabeza Donald Trump?

Hurgar en la cabeza de los líderes es introducirse en su psiquis - aún sin un trabajo clínico necesario - y, además, obliga a investigar los humores y las pulsiones de las sociedades que “hacen” a un personaje su “líder”.

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O sea: aquello de que “somos hijos de nuestro tiempo” resulta definitorio para aproximarse a los ascensos, auges y caídas de los líderes.

La psicología social explica el ascenso de Trump a través de conceptos como el “autoritarismo de derecha” (necesidad de orden, prejuicio intergrupal), “identidad social” (promesa de representar a "olvidados" por el sistema) y la polarización como herramienta para capturar la “ansiedad social”.

Este brevísimo e insuficiente repaso puede acercarse a explicar el ascenso de Trump. Hubo millones de estadounidenses que buscaban un sujeto que tuviera un discurso claro y soluciones simples. O sea: un interlocutor que hablara de un nuevo “nosotros” contra “ellos”, aunque esos “ellos” fuesen indefinidos o, quizás, inexistentes. Trump maneja la ficción y la fantasía con un lenguaje verosímil, aunque no verás. Y así anda. Al analizar sus discursos e intervenciones en la prensa, se puede percibir claramente una técnica (Milei lo usó claramente), con frases cortas, efectivas (se transforman en títulos fácilmente), que construyen un futuro “construible” a pesar de la demagogia o el “delirio retórico”. Lo interesante también es explorar la cabeza de Trump, aún con la salvedad de que al hombre del jopo no lo tenemos en al diván en forma semanal. (Tomemos un Trump en el “diván” de ese territorio que maneja excepcionalmente bien como lo es el digital).

Freud en la Casa Blanca

Ya en el período pasado, Trump fue analizado (a la distancia) por centenares de psicólogos y psiquiatras que emitieron sus conclusiones sobre la personalidad del presidente estadounidense, aunque algunos expertos critican estas evaluaciones por no ser clínicas y estigmatizar.

Varios psiquiatras y expertos en salud mental lo analizaron, haciendo evaluaciones informales basadas en su comportamiento público y redes sociales, en aquella oportunidad, por preocupaciones de legisladores estadounidenses que consultaron a profesionales de la salud mental. A partir de esas preocupaciones se han editado y publicado libros como "El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente", recopilando análisis de expertos.

Algunos diagnósticos: trastorno narcisista de la personalidad, trastorno delirante o incluso demencia, basados en su comportamiento público. También se advierte que sus rasgos no son necesariamente una enfermedad, sino un reflejo de su personalidad, y diagnosticarlo así desvía la atención de sus acciones políticas.

Otto Kernberg es psiquiatra experto en líderes malignos. En una entrevista difundida en España por el Centro Psicoanalítico de Madrid, Kernberg trazó “paralelismos psicológicos entre Trump y Hitler”.

Este psiquiatra norteamericano de 97 años es uno de los mayores especialistas del mundo en el estudio de los trastornos de personalidad. Ha investigado en especial la mente de los líderes malignos. Este es un resumen de la entrevista.

¿Por qué hay gente que anhela los llamados 'hombres fuertes' en la política, aunque mientan y dividan?

Con esta pregunta hablamos de lo que en psicología se llama 'un gran grupo regresivo': sus miembros tienen la sensación de que son otros los que controlan el mundo y que ellos son sus víctimas y deben rebelarse. A menudo, uno de ellos recibe entonces la tarea de dominar ese mundo hostil. El grupo, cuando cae bajo gran nivel de estrés y miedo, no desarrolla un comportamiento adulto, sino patrones infantiles.

¿Qué desencadena ese estrés?

Detrás hay un sentimiento de impotencia, que en cierto modo es un subproducto de la democracia: uno está insatisfecho con las decisiones de la mayoría, no se siente escuchado. Hasta cierto punto es un sentimiento inevitable; todos lo hemos experimentado. Pero, cuando esta sensación se vuelve abrumadora, es un paso natural confiar en un líder grandioso y antisocial. Estos líderes surgen cuando se pierden las estructuras sociales y hay grandes escisiones en la población. Los grandes grupos se vuelven regresivos y buscan un líder grandioso, agresivo y desconfiado del mundo exterior. El líder y ellos se retroalimentan, y eso les da libertad para llevar una conducta antisocial (atacar, destruir…) sin sentimiento de culpa.

¿Por qué eligen esos líderes?

Porque los grupos regresivos siempre eligen líderes similares. Se ha estudiado psicoanalíticamente ese tipo de grandes grupos, de 150 a 300 personas. Y en poco tiempo todos tuvieron el deseo de elegir un liderazgo narcisista o paranoide.

Es decir, eligen a una persona egocéntrica que quiere ser admirada o alguien que es patológicamente desconfiado y se siente perseguido.

Cuando el grupo está en una fase moderada, busca un líder del tipo abuelo amable con partes narcisistas, que calma a todos y promete paz.

¿Y cuando el grupo está más agitado?

Entonces quiere un jefe paranoide que los confirme en sus miedos y los lidere contra el enemigo. Los grupos que están especialmente descontentos y se sienten bajo presión a menudo quieren a alguien que combine ambas cosas: lo narcisista y lo paranoide, es decir, alguien que, por un lado, quiere ser amado, pero también temido. A eso le corresponde una personalidad de liderazgo con narcisismo maligno.

¿Es Trump así?

Ciertamente parece querer ser amado por sus seguidores y al mismo tiempo se comporta de tal manera que numerosas otras personas lo combaten. Pero no puedo hacer un diagnóstico psiquiátrico si no lo he examinado. Por lo tanto, no sé si Trump sufre de narcisismo maligno en el sentido clínico. Podría ser que en su vida privada se comportara mucho más razonable y decentemente, aunque no lo creo. Como político, en cualquier caso, muestra rasgos de narcisismo maligno.

¿Cuáles exactamente?

Además de la necesidad de ser grandioso, está la agresividad, una sed de venganza casi patológica: Trump se siente rodeado de enemigos, persigue a todos los que alguna vez dijeron algo contra él. Otra característica es la deshonestidad con la que lleva a cabo la lucha contra sus supuestos enemigos. Para él es importante ganar, con qué medios no importa. Sus seguidores lo admiran por eso, porque Trump es valiente en su mentira.

¿Qué quiere decir con eso?

Trump les transmite la imagen de que miente por una buena causa: derrotar a una sociedad hostil y mentirosa que sienten que los amenaza, por así decirlo, con sus propias armas. Cuando niega el cambio climático o declara a los científicos enemigos del Estado, eso a los ojos de sus seguidores es una señal de su valentía.

¿Quiere decir que sus votantes son conscientes de que miente?

Las personas en su entorno de trabajo inmediato probablemente saben que miente. Pero la gran masa de sus seguidores le cree, incluso cuando afirma, por ejemplo, que en realidad él ganó las elecciones de 2020, y no su competidor, Biden. Los millones de estadounidenses que lo siguen piensan ante todo que él es poderoso, que puede lograr lo que quiera y que resuelve todos los problemas. Al mismo tiempo les muestra que es una persona normal, uno de ellos: habla como ellos y se atreve a decir todo, incluso los insultos más groseros, para luchar por su bienestar. Estos son patrones similares al entusiasmo nacionalsocialista de Hitler.

¿Ve entonces paralelos entre ambas personalidades?

Sí. Pero, por supuesto, también hay diferencias. Hitler inmediatamente hizo asesinar a personas que declaró enemigas. Y Trump tiene un carisma más infantil, a veces casi juguetón. Hitler, por el contrario, siempre parecía mucho más consecuente, por ejemplo, en la manera en que imponía lo que quería. Pero él tampoco toleraba críticas. Si alguien intentaba criticarlo, se enfadaba y abandonaba a la persona.

¿Los narcisistas malignos se comportan también agresivamente hacia sí mismos y sus seguidores?

Por supuesto, especialmente cuando subestiman la realidad y sobreestiman su propio poder. También para eso se encuentran ejemplos en Hitler, su campaña contra Rusia fue un momento de autodestrucción. Sus generales podrían haberlo advertido. Pero unos tenían tanto miedo de él y otros lo encontraban tan grandioso que no se atrevieron a decirle lo difícil que sería derrotar un país enorme como la Unión Soviética cuando Estados Unidos estaba a punto de entrar en la guerra.

Cuando los seguidores de Trump asaltaron el Capitolio porque no aceptaban su derrota y la democracia estadounidense pareció tambalearse, ¿usted qué pensó?

Fue una rebelión abierta contra la sociedad democrática. Gracias a Dios, la rebelión estaba mal organizada y Trump fue incapaz de conducirla a un movimiento revolucionario antidemocrático. Dio grandes discursos y luego se escondió. Trump no es constante. Hace promesas grandiosas, pero generalmente no las persigue hasta el final. De lo que sí es capaz es de reconocer intuitivamente lo que las personas desean y convertirlo en un mensaje. Lo recuerdan: dijo que quería terminar la guerra entre Rusia y Ucrania en un día.

Pero no ha sucedido.

Al final, Trump tiene miedo de Putin. No se atreve a enfrentarse a él y debe disimularlo para que se mantenga la impresión de su grandiosidad.

¿Trump ha cautivado a Estados Unidos o había en el país un caldo de cultivo para un liderazgo autoritario?

En Estados Unidos se ha extendido desde hace algún tiempo un sentimiento antidemocrático. Los gobiernos anteriores bajo los presidentes Obama y Biden apoyaron tan claramente a los grupos oprimidos y desfavorecidos que eso provocó protestas y grandes resistencias en el país. Así que sí: podría haber habido otros Trump.

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