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Columnas de opinión |

Las masacres no fueron en vano

Revolución, posibilismo y adyacencias

¿En que queda la revolución social, el asalto al Palacio de Invierno, los claveles, las rosas rojas y el pan para todos?

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Ya hace tiempo que la nueva certidumbre es la incertidumbre. Aquellos marcos de cierta estabilidad surgida de la Segunda Guerra Mundial se fueron moviendo. Primero fue el derrumbe de la URSS, luego la fase globalista del capitalismo y el liberalismo de empresa, posteriormente China utilizando con enorme inteligencia esa fase globalista y de libre comercio para mercancías y capitales y, ahora, el terremoto Trump.

En este marco, ¿en que queda la revolución social, el asalto al Palacio de Invierno, los claveles, las rosas rojas y el pan para todos?

Las masacres no fueron en vano

Quiero poner el foco en un asunto poco estudiado (creo): la masacre de los movimientos guerrilleros en América Latina por parte de los militares y las élites empresariales tenía un objetivo estratégico nítido. ¿Cuál? Quien tomara las armas en pos de la revolución social ya sabía lo que le podía pasar. En términos estratégicos, la masacre tuvo ese efecto en las sociedades y en la izquierda política y social. (El ataque al cuartel de La Tablada el 23 de enero de 1989 fue la última gran acción armada de la guerrilla en Argentina, dirigida por Enrique Gorriarán Merlo y el Movimiento Todos por la Patria. Buscaban detener un supuesto golpe de Estado carapintada contra el presidente Raúl Alfonsín, resultando en un sangriento fracaso. Ahí estuvieron los militares bajo la presidencia de Raúl Alfonsin para recordar que quien se alzara en armas terminaría triturado, literalmente).

El efecto en la psiquis social es claro. La opción armada en la izquierda parece descartada en América Latina. Las sociedades parecen querer dirimir sus diferencias políticas y sociales a través de otros mecanismos, con democracias de diverso tono e, incluso, conviviendo con tensiones como las surgidas en los últimos tiempos cuando a un 40 % de los latinoamericanos no le importa si las soluciones provienen de la democracia o de una dictadura (Informe de Latinobarómetro de 2024).

¿Cambiaron las condiciones de pobreza y marginalidad comparando este tiempo con el de los años 60 y 70? No. Vayan 4 ejemplos: 1) Aunque no hay cifras oficiales sobre la cantidad de uruguayos que vivían en los cantegriles en la década de los 60, estudiosos del tema afirman que la cantidad actual es mayor significativamente. 2) La dependencia uruguaya de los centros de poder económico mundial sigue siendo la misma. 3) El déficit habitacional en Uruguay es muy alto a pesar de los planes de “vivienda social promocionada”. 4) En La Higuera, poblado donde mataron al Che Guevara, viven la mitad de la población que en 1967 y son más pobres. Antes producían papa y las vendían en el mercado de Vallegrande y adyacencias. Ahora se la venden a un mayorista que le pone el precio a la producción.

O sea: las “condiciones objetivas” siguen siendo las mismas que antes. ¿Qué cambió? La cárcel, la tortura y las dictaduras hicieron su trabajo en la psiquis social. Cabe decir que los juicios a los militares torturadores tienen su costado estratégico: ahora saben que si se involucran en golpes de Estado, en algún momento terminan en la cárcel. Esto quiere decir que salvo algún trasnochado los militares no quieren nada con intervenciones en conflictos internos.

Entonces, vale la pena esta frase de Bertolt Brecht: “Las revoluciones se producen en los callejones sin salida”.

El posibilismo

En el primer gobierno de Tabaré Vázquez, apenas iniciado, se produjo un hecho significativo que tensó todos los fantasmas. En el año 2006, la Intergremial del Transporte Profesional de Carga (ITPC) y agroexportadores lanzaron un paro por tiempo indeterminado por el precio del gasoil. Reclamaban contra el aumento del gasoil destinado a financiar el transporte capitalino. Vázquez mantuvo firmeza, afirmando que no le "temblaría la mano". En la cabeza del Gobierno de izquierda (y en la de algunos fuertes empresarios) estaba lo ocurrido en el gobierno de Salvador Allende cuando los transportistas de carga colaboraron con la crisis social que terminó con la intervención de Pinochet. Vázquez no dudó. Dio intervención al Ejército para destrabar la situación y el conflicto se terminó. Liderazgo y conducción sin titubeos.

Cada quien le “estaba midiendo el aceite” al otro. Con esa “victoria”, el Gobierno de Vázquez corrió los límites de su acción y pudo avanzar en un conjunto de cambios estructurales (impositivos, salud, consejos de salarios, prohibición de fumar en lugares públicos, etc.) en tanto estaba validado y respaldado socialmente.

Ese Gobierno hizo lo “posible”, empujando los límites de la acción política, superando obstáculos, generando un nuevo “sentido común” de corte progresista en donde no hubo una retórica discursiva, sino que los “hechos” fueron los constructores del relato.

Revolución y evolución

En los gobiernos de Batlle y Ordóñez, Luis A. de Herrera tuvo dos ejes discursivos claros dentro del conservadurismo blanco: Batlle es un “socialista” que promueve el cambio social y, en oposición a eso, Herrera hablaba de “evolución”. Este debate, que ya tiene más de 100 años, se ubica claramente en estos tiempos. La izquierda parece apropiarse de la épica batllista del cambio social y los blancos conservadores hacen esfuerzos para instalar que Uruguay recorre el camino “chavista”. Ni tan calvo ni tan peludo.

La izquierda se alejó de la lucha armada en verdad, el Frente Amplio nunca la proclamó, ni siquiera hay documento alguno que hable de promover el socialismo e incursiona con relativo éxito en la “progresía” y en el “posibilismo”. Esto significa que hace lo posible, dentro de las “condiciones objetivas” de un país pequeño, superdependiente, sujeto a vaivenes de la zona y del mundo, con un cuadro de situación enormemente complejo.

Entonces, ¿cuál es el rumbo o los rumbos que se le reclaman al Gobierno de Orsi? En redes hay ciudadanos frenteamplistas que hablan de un gobierno “tibio”, que no adopta decisiones en favor de las “grandes mayorías populares”. Llaman a “profundizar los cambios”. A nivel de la izquierda institucional, el PCU es el único que asoma la cabeza con reclamos, aunque con tono moderado. Piden el impuesto a los ricos. Intentan consolidar un espacio público de reclamos desde la izquierda, se vinculan con la fantasía del cambio social y miran el 2029 con entusiasmo, sobre todo porque el MPP quedó paralizado como fuerza de gobierno y no hace ruido alguno: “Banquemos a Orsi, nuestro hombre”, “y banquemos a Oddone, también nuestro hombre”. (A tal punto el MPP “no hace olas” que paralizó una acción ya aprobada por sus organismos: impulsar la “Brigada José Mujica” de acción comunitaria y social).

“Festina lente”

El ritmo de este gobierno está limitado por un conjunto de factores. En primer lugar, por los liderazgos; en segundo lugar, por la voluntad expuesta por Orsi de la construcción “tranquila” de un “sentido común”; en tercer lugar, por las debilidades numéricas (no tiene mayoría en diputados); en cuarto lugar, por las limitaciones de corte económico (un alto déficit fiscal heredado, condiciones internacionales de comercio extremadamente inestables, con la mirada expectante de las calificadoras de riesgo, y una abultada deuda externa), y en quinto lugar, un estado de humor social que parece no querer experimentar “saltos al vacío” o habitar “zonas de incertidumbre”. Hay otros factores, pero esos son los más significativos. Parece dominar el “no me jodas con locuras, déjame tranquilo con el asado y las murgas”.

En ese escenario, ¿qué hacer?, tomando el título de aquel folleto de 1901 de Lenin en donde presentaba propuestas concretas sobre la organización y la estrategia que debe seguir un partido revolucionario. No tengo idea. Sí creo que hay un humor en la ciudadanía uruguaya que pudiera estar sintetizado en un concepto griego: “Festina lente”. Algo que podría sintetizarse en “apresúrate despacio” o “apúrate lentamente”. (Cabe decir que hay una zona ilimitada e indefinida que provoca con buen tino la siguiente pregunta: “Apurarse lentamente, ¿hacia dónde?”).

NOTA. Es interesante explorar la sociedad uruguaya desde otro ángulo, la neuroantropología. La antropóloga española Candela Antón recientemente habló sobre el tema y dijo que un “cerebro funciona de acuerdo a la cultura en donde se desarrolla”. Este fenómeno se llama “encultured brain”, o sea “cerebro enculturado”. Antón señaló que “la cultura se materializa en nuestras neuronas”. Y explica que las experiencias culturales de una persona son, por ejemplo, el “lenguaje, los elementos simbólicos y las prácticas culturales”. Todo eso, afirma, “reconfigura la arquitectura neural” de cada individuo. Es decir que nuestras conductas políticas, sociales están sujetas a nuestro cerebro, un órgano moldeado dinámicamente tanto por la evolución biológica como por la experiencia social y cultural. O sea: somos uruguayos, con toda la carga que eso significa.

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