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Columnas de opinión | Orsi | China | Trump

La visita a China

Orsi orientado

Ante el impresentable “conjunto de la paz” de Trump, lo mejor que podía hacer Orsi era no entrar en eso e irse a China.

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Una semana, del domingo próximo al siguiente, el presidente Orsi va a estar en Oriente, en China. Ante el impresentable “conjunto de la paz” de Trump (todo Trump es impresentable), lo mejor que podía hacer Orsi era no entrar en eso e irse a China.

Pero no puede (no quiere) desairar a Trump y les envía representación a la Cumbre de jefes militares de 34 países, a la cual, según la ministra de Defensa, Sandra Lazo, Uruguay irá únicamente para oír qué dicen. O sea, de espía. A chusmear. Impresentable, igual que todo Trump.

Lo primero que va a hacer Orsi en China, el lunes, es visitar el Museo de la Historia del Partido Comunista de China. Acompañado y rodeado de más de 100 de nuestros empresarios ávidos por comerciar y seguir comerciando con China, no se le va a ocurrir decir que China “una democracia no es”. Eso lo dejó de caldo de cultivo para la operación militar de Trump en Venezuela. Va a visitar a Chen Duxiu y a Li Dazhao, los fundadores del Partido Comunista de China, a Mao, a Zhou Enlai, a Deng Xiaoping, entre otros, que en la historia de Uruguay nunca hubiesen sido oribistas. Va a visitar también la resistencia anticolonialista a lo que los chinos llaman “el siglo de la humillación”, al transcurrido entre mediado el XIX con “las guerras del opio” y el 1 de octubre de 1949 con la Revolución.

Va a ver otra película, no la que los yankees sostuvieron con el muchachito interpretado por John Wayne. Va a saber que derrotar a los japoneses y al eje nazifascista a China le costó 35 millones de vidas. Para China no hay países chicos, aunque es posible que reciba algún día la visita de más de un presidente, pero tampoco países demasiado grandes. Supongo que los pronunciamientos más interesantes sobre sus relaciones con China de esta semana han sido los de Francia, Reino Unido y ayer Alemania, a través de su ministra de Economía, Katherina Reiche. Estos tres países expresaron la decisión de profundizar su comercio con China. Es posible que lo hayan hecho por despecho ante la prepotencia de Trump sobre el tema Groenlandia, o por algo parecido al apoyo a Dinamarca, pero lo cierto es que la más interesante es la de Alemania.

Durante la era Merkel, China se convirtió en el principal socio comercial de Alemania, con una relación valuada en 240.000 millones de euros por año. China además desarrolló una política económica, de modo que los otros miembros del bloque alemán también se vieron beneficiados con un marcado aumento del comercio con China. El año clave, el de referencia, fue 2005; el valor en dólares de las exportaciones mundiales de bienes de Alemania aumentó en un 67 % a partir de entonces, mientras su comercio con China se multiplicó por más de 4 (+ de 400 %). Pero además Merkel descarbonizó y desnuclearizó Alemania, a la par de China proyectando un plan cumplible y sustentable, hacia las energías renovables más limpias, apalancadas en la transición con el gas natural por cañería, ruso, más limpio que el carbón, barato al llegar por gasoducto desde cercanías y de mejor calidad que el gas yanqui de esquisto. China, a la fecha, es el único que está cumpliendo los plazos del compromiso 0 carbón 2050.

Porque Washington reaccionó usando todo su poder de país ocupante en Europa, perpetró la resistible ascensión de «los Verdes» al Gobierno y revirtió el trazo merkeliano que tenía, al menos en los círculos industriales, la intención de crear sinergias entre China, Rusia, Kazajistán y Ucrania, con el objetivo de integrar Estados con zonas logísticas, productivas y exportadoras de energía (Rusia, Ucrania, Kazajistán) e importadoras de bienes industriales de China, pero también de Alemania. El objetivo final del bloque alemán tendía, con Merkel, a la creación de un frente continental euroasiático, con Beijing y Berlín en sus dos extremos, y Rusia como conector indispensable.

Se revirtió por completo. ¡Con decir que «los Verdes», con su ministro de Economía Robert Habeck, firmaron el regreso al carbón, el abandono de la Agenda 2050 y, en pleno G7, Habeck anunció una de todos modos inevitable recesión. Pero, por si Merkel volvía, los yanquis, según el premio Pulitzer, le volaron el gasoducto Nord Stream. Vista hoy en su decurso, podría decirse que la Operación Z fue una provocación de Rusia para que «Occidente» la sancionara, para que Europa misma se cortase el gas y expropiar, sin que nadie chiste, casi todo cuanto Yeltsin había privatizado para «Occidente».

Ahora a Alemania, Reino Unido y Francia no les queda otra que profundizar su relación con China, aunque más no sea para desagraviarse de algún modo de las órdenes del sheriff Donald Trump.

Podría decirse que, del mismo modo que en su momento Obama echó a Rusia a los brazos de China con las sanciones de 2014, y luego Trump echó a China a los brazos de Rusia con los aranceles de 2017 y luego Biden estrechó el abrazo ruso chino con su apoyo a Zelenski, hoy Trump está echando a Europa a los brazos de China.

Ya lo había advertido a su modo, desde el departamento más oriental del Uruguay, Rocha, en 1995, el inolvidable intendente colorado Adauto Puñales: “El pulpo del comunismo internacional todo lo abraza con sus poderosos testículos” (sic). Ojalá la profecía de Adauto, más allá del error de expresión, se cumpla en el mejor sentido, también con Orsi, el miércoles cuando lo reciba Xi Jinping.

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