Antes de que la música fuera sonido, era camino. Un andar hecho de pasos heredados, de tambores que laten aún cuando nadie los toca.
Desde ese lugar hablamos clon Claudio Martínez: sin prisa, sin artificio, con la serenidad de quien sabe que la identidad no se improvisa.
El tiempo de ser
“Creo que me lo debía un poco a mí”, dice Claudio, y en esa frase se condensa una espera larga, casi generacional. Durante años compuso, cantó y tocó para otros, dejando huellas en discos ajenos, hasta que llegó el momento de hacerse cargo de lo propio.
“Faltaba ese gran paso que es reducirse y hacerse cargo de lo que uno crea”, explica. No fue una decisión repentina: fue una necesidad que fue creciendo con el tiempo, hasta volverse ineludible.
Grabar en medio del silencio
La pandemia, lejos de paralizarlo, actuó como catalizador. Con el impulso decisivo del recordado Chole Giannotti, productor general del álbum, Claudio entendió que no había más tiempo para postergar.
“Vos tenés que tener tu disco, no puede ser, hay que arrancar ahora”, recuerda que le dijo Chole. Y arrancaron.
El proceso estuvo marcado por la incertidumbre, la distancia y la fragilidad del contexto. Becas que no llegaron a tiempo, grabaciones remotas y un mundo detenido pusieron a prueba la perseverancia.
“No fue fácil. Me quedé sin apoyos y tuve que seguir solito, pero con la ayuda de un montón de músicos y amigos que se prendieron a la aventura”, cuenta.
Más de 50 músicos participaron del disco. “Si lo hubiera pensado así desde el principio, hubiera sido imposible. Pero me saqué las ganas de tocar con gente que respeto y admiro profundamente”.
Elegir con conciencia
Nada fue casual. Cada músico fue convocado con una idea clara detrás.
“No invité a nadie por invitar. Tenía muy claro qué quería lograr con cada género y con cada persona”, afirma.
En ese mapa aparecen nombres fundamentales de la música rioplatense y latinoamericana como Rubén Rada, Hugo Fattoruso, Francisco Fattoruso, Fito Páez, Nicolás Arnicho, Luis Salinas, Chole Giannotti , junto a bateristas y músicos como Mateo Ottonello , Tato Bolognini, Santiago Blanco, entre muchos otros.
“Hay que ser fiel a lo que se toca. Cada género necesita su lenguaje”, resume Claudio. Esa fidelidad explica por qué el disco transita distintos estilos sin perder identidad: no se trata de eclecticismo, sino de respeto.
Más allá del Candombe
Aunque muchos lo identifiquen principalmente con el candombe, Claudio se corre de cualquier encasillamiento. “El candombe me encanta, pero no es lo único que hago ni desde donde me expreso”, aclara. En Tiempo de Andar conviven el funk, el reggae, el afrobeat, el ska, el latin jazz y la música brasileña, siempre atravesados por una impronta afro reconocible.
“Todo lo que tiene que ver con las raíces afro lo hago mío. Me siento cómodo transitando por esos géneros y siendo creíble en lo que hago”, dice, y esa comodidad se percibe como una verdad corporal antes que discursiva.
"Tiempo de andar" como declaración
La canción que da nombre al disco funciona como manifiesto. Tiempo de Andar empezó a gestarse hace más de diez años y se terminó de escribir en plena pandemia. “Puede que mañana no existan mañanas por imprudencia de la humanidad”, canta Claudio, atravesado por la conciencia de lo frágil.
“Vivir la vida sin miedo, entender que los sueños son tu verdad”, resume, como quien deja una advertencia y un aprendizaje a la vez. La canción habla del tiempo que se posterga, de los sueños que esperan, y del momento exacto en que ya no se puede mirar para otro lado.
Identidad, herencia y memoria corporal
La identidad, en su obra, no es un concepto abstracto. Es biografía y memoria corporal. Claudio reconoce en su historia familiar —marcada por la herencia afro y los cruces violentos de la historia— una fuerza que reaparece en la música. “No es casualidad. Hay cosas que nos llaman aunque no seamos del todo conscientes”, reflexiona.
Por eso afirma sin dudar: “Si tuviera que presentarme ante alguien, le daría mi disco. Siento que me identifica de pie a cabeza”. Tiempo de Andar funciona así como un archivo íntimo, un museo sonoro donde la historia personal dialoga con la historia colectiva.
Candombe en movimiento y proyección internacional
Además de su camino solista, Martínez integra proyectos fundamentales de la escena actual. Es parte de La Candombera —con la que obtuvo un Premio Graffiti—, de La Caliente de Aníbal González, y desde 2024 forma parte de la Rueda de Candombe, fenómeno cultural que convoca multitudes y llevó el candombe uruguayo a escenarios internacionales como el Festival de Cine de Cannes.
“Nadie va a contar nuestra historia si no lo hacemos nosotros”, sostiene. “Con lo único que tenemos exclusividad es con nuestra música”.
Llevar el candombe al mundo, para Claudio, no es una estrategia: es una responsabilidad cultural.
La cita en vivo
En ese mismo espíritu de encuentro y celebración, Claudio invita a volver a escuchar Tiempo de Andar en vivo en Sociedad Urbana Villa Dolores, una fecha especial para reencontrarse con estas canciones y cerrar un ciclo cargado de sentido.
“Es un show imperdible”, afirma. “Si yo no fuera yo, iría igual. Hay melodías que te llevás en el alma y en el oído”.