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Internacionales | Europa |

Europa se rinde

La ley de la selva se impone en el nuevo orden comercial

"Trump dinamitó el sistema de reglas". El analista Daniel Barrios explicó las consecuencias del acuerdo arancelario entre EEUU y La UE.

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Caras y Caretas Diario

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“Desde el punto de vista económico, no hay ninguna duda de que se trata de un acuerdo asimétrico y perjudicial para las economías europeas”, señaló el analista internacional Daniel Barrios a Caras y Caretas, al desmenuzar el contenido del nuevo pacto signado por Donald Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 27 de julio en el complejo de golf Trump Turnberry, propiedad del magnate en Escocia.

En una jugada geopolítica que sacudió los cimientos del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Europea firmaron el pasado domingo un acuerdo arancelario que impone un 15 % de tarifas a la mayoría de los productos europeos exportados al mercado norteamericano. El pacto, presentado como una solución para evitar una inminente guerra comercial, fue calificado por Barrios como un acto de “sumisión” de Europa y una “dinamitación” del sistema multilateral de comercio.

“La historia comienza el 2 de abril, según Trump ‘el Día de la Independencia’, cuando desató la andanada tarifaria más agresiva que se recuerde —anunciada con unas tablas que muchos compararon con las de los Diez Mandamientos que recibió Moisés de Dios en el Monte Sinaí—, e impone unilateralmente tarifas de manera indiscriminada a todo el mundo —incluso las islas Heard y McDonald, habitadas solo por pingüinos y focas—. Antes de esa fecha, las importaciones que hacía Estados Unidos de bienes y servicios provenientes de Europa pagaban un 2 % de aranceles. El acuerdo alcanzado multiplica esa cifra por 7,5 y pasa al 15 %. Por su parte, los bienes que Estados Unidos exporta a Europa siguen sin pagar aranceles. Es decir, Estados Unidos logra que sus productos sigan entrando al mercado europeo sin restricciones, mientras que Europa, por los bienes y servicios que exporta, ahora deberá pagar tarifas mucho más altas. Esto implica un castigo económico de cientos de miles de millones para Europa. Adicionalmente —y esto también hay que subrayarlo—, Europa se compromete a comprar combustibles estadounidenses por 750.000 millones de dólares en los próximos tres años, invertir 600.000 millones de dólares y otro tanto en compra de armas”, explicó Barrios. “Hay que tener en cuenta que este acuerdo afecta la relación comercial más intensa del mundo. En bienes y servicios, cruzan el Atlántico casi 3.000 millones de dólares por día. Cualquier modificación en este vínculo necesariamente tiene un impacto global. Estamos hablando de tarifas que reflejan una política exacerbada, proteccionista, por parte de Estados Unidos. Y lo más grave de todo esto es el impacto que tiene en la geopolítica, en las instituciones, en el orden mundial que fue construido tras la Segunda Guerra Mundial. Un orden que, además, fue estructurado a imagen y semejanza de los propios Estados Unidos. La principal víctima de este acuerdo es, sin duda, el sistema de normas e instituciones que rigieron el comercio internacional durante casi un siglo”, resaltó Barrios. “La responsabilidad de Europa es proporcional a su peso económico y político. Estamos hablando de la tercera potencia económica mundial, después de Estados Unidos y China. Lo más grave de todo esto no es solo la asimetría económica —porque eso es evidente, Europa sale absolutamente perjudicada y Estados Unidos es el gran beneficiado—, sino el hecho de que se ha legalizado una nueva lógica, que se acabaron las reglas, que no hay espacio para el consenso. Lo que ahora prima no es la capacidad de llegar a acuerdos, sino el sometimiento al más fuerte”, explicó.

Para Barrios, el acuerdo implica un golpe a la economía europea y una claudicación política y simbólica. Frente a las amenazas, presiones y chantajes, la Unión Europea cedió. Y en ese gesto se juega mucho más que las tarifas a los autos o los semiconductores, está en juego el tipo de mundo que se está configurando.

La ruptura del orden multilateral y la “ley de la selva”

“Este acuerdo vulnera directamente las reglas de la Organización Mundial del Comercio. El andamiaje normativo que surgió del GATT en 1948 fue destruido”, sostuvo.

“Lo que Europa ha demostrado es una rendición”. Según François Bayrou, el primer ministro de Francia, se trató de “un día sombrío cuando una alianza de pueblos libres, reunidos para afirmar sus valores y defender sus intereses, decide someterse”. Y Olivier Blanchard, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, lo expresó aún más crudamente: “Ganó la ley de la selva, donde el débil no tiene otra opción que aceptar el destino que le impone el más fuerte”. Y para el ultranacionalista primer ministro húngaro, Orban, “Trump se desayunó a Ursula”.

“Claramente para Trump se trató de un gran acuerdo. Lo que no dice es que dinamitó el sistema de reglas que había sido construido durante décadas. Ese orden económico mundial basado en normas fue, en los hechos, desmantelado. Estamos hablando de una ruptura profunda en las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Y cuando digo que se dinamitó el orden mundial, me refiero a eso. Hace menos de diez días, Trump también impuso —porque no fue una negociación, fue una orden— en la cumbre de la OTAN que los países miembros deberán invertir el 5 % (hasta ahora era el 2 %) de su Producto Interno Bruto en defensa militar. Eso no fue diplomacia. Eso no fue lo que se conoce como ‘poder blando’, esa capacidad de convencer sin coaccionar. Los acuerdos firmados en Escocia y las imposiciones a la OTAN son actos coercitivos. Lo mismo sucede con este sometimiento de Europa. Es necesario estudiarlo, analizarlo, por el impacto que puede tener”, detalló el experto.

El 7 de julio Trump amenazó con que cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS pagará un arancel adicional del 10 %, y a Brasil con un arancel del 50 % por el juicio contra su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro. En sentido contrario, se está llevando a cabo el segundo día de reuniones en Estocolmo entre China y Estados Unidos, tratando de negociar una tregua de 90 días para resolver el tema de los aranceles. Beijing ha mantenido en todo momento la firmeza y la dignidad de enfrentarse con éxito, al proteccionismo prepotente de Washington.

Para Barrios, el orden mundial no está siendo amenazado por China, como se le acusa por parte de Estados Unidos. “Es evidente que la (re)emergencia de China como gran protagonista de la escena mundial cambió para siempre el equilibrio global, pero China no está atacando las instituciones que crearon los propios Estados Unidos. China no quiere destruir al FMI, ni al Banco Mundial, ni a la OMC. En todo caso, dice que quiere reformarlas. Más que Xi Jinping, es Trump el enemigo de ese orden mundial que benefició a Estados Unidos por casi un siglo. Un orden basado en un tejido de alianzas dispuestos a cederle un rol hegemónico”.

“En Asia, aliados como Japón, Filipinas e Indonesia también tuvieron que agachar la cabeza, para ‘evitar lo peor’, es decir, una guerra comercial directa y aceptar las tarifas que Trump les impuso”, subrayó.

A pesar de la aparente victoria estadounidense, Barrios anticipa un efecto de retorno. “Más temprano que tarde, esto va a tener un efecto boomerang sobre Estados Unidos. Porque ese tejido de alianzas se sostenía en parte por su peso específico, pero también por una lógica de concertación. Trump lo está destruyendo. Una cosa es cierta, contrariamente a lo declarado por la Comisión Europea, este acuerdo no elimina en absoluto la incertidumbre. Lo firmado en Prestwick es simplemente un acuerdo político muy vago. Muchos capítulos permanecen abiertos (desde los bienes exentos de aranceles hasta la naturaleza de las compras e inversiones que la UE deberá realizar en Estados Unidos), y hasta la fecha aún no hay un texto consensuado. Según los estadounidenses, se ha eliminado el impuesto web europeo, mientras que, según los europeos, no se ha asumido ningún compromiso al respecto. Los acuerdos comerciales tienen una duración media de dos años, y se espera que éste no sea la excepción. Además, debemos tener en cuenta la imprevisibilidad de Donald Trump, quien, envalentonado por el indudable éxito de las negociaciones, podría querer pronto subir la apuesta”, concluyó Barrios.

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