Para Barrios, el acuerdo implica un golpe a la economía europea y una claudicación política y simbólica. Frente a las amenazas, presiones y chantajes, la Unión Europea cedió. Y en ese gesto se juega mucho más que las tarifas a los autos o los semiconductores, está en juego el tipo de mundo que se está configurando.
La ruptura del orden multilateral y la “ley de la selva”
“Este acuerdo vulnera directamente las reglas de la Organización Mundial del Comercio. El andamiaje normativo que surgió del GATT en 1948 fue destruido”, sostuvo.
“Lo que Europa ha demostrado es una rendición”. Según François Bayrou, el primer ministro de Francia, se trató de “un día sombrío cuando una alianza de pueblos libres, reunidos para afirmar sus valores y defender sus intereses, decide someterse”. Y Olivier Blanchard, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, lo expresó aún más crudamente: “Ganó la ley de la selva, donde el débil no tiene otra opción que aceptar el destino que le impone el más fuerte”. Y para el ultranacionalista primer ministro húngaro, Orban, “Trump se desayunó a Ursula”.
“Claramente para Trump se trató de un gran acuerdo. Lo que no dice es que dinamitó el sistema de reglas que había sido construido durante décadas. Ese orden económico mundial basado en normas fue, en los hechos, desmantelado. Estamos hablando de una ruptura profunda en las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Y cuando digo que se dinamitó el orden mundial, me refiero a eso. Hace menos de diez días, Trump también impuso —porque no fue una negociación, fue una orden— en la cumbre de la OTAN que los países miembros deberán invertir el 5 % (hasta ahora era el 2 %) de su Producto Interno Bruto en defensa militar. Eso no fue diplomacia. Eso no fue lo que se conoce como ‘poder blando’, esa capacidad de convencer sin coaccionar. Los acuerdos firmados en Escocia y las imposiciones a la OTAN son actos coercitivos. Lo mismo sucede con este sometimiento de Europa. Es necesario estudiarlo, analizarlo, por el impacto que puede tener”, detalló el experto.
El 7 de julio Trump amenazó con que cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS pagará un arancel adicional del 10 %, y a Brasil con un arancel del 50 % por el juicio contra su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro. En sentido contrario, se está llevando a cabo el segundo día de reuniones en Estocolmo entre China y Estados Unidos, tratando de negociar una tregua de 90 días para resolver el tema de los aranceles. Beijing ha mantenido en todo momento la firmeza y la dignidad de enfrentarse con éxito, al proteccionismo prepotente de Washington.
Para Barrios, el orden mundial no está siendo amenazado por China, como se le acusa por parte de Estados Unidos. “Es evidente que la (re)emergencia de China como gran protagonista de la escena mundial cambió para siempre el equilibrio global, pero China no está atacando las instituciones que crearon los propios Estados Unidos. China no quiere destruir al FMI, ni al Banco Mundial, ni a la OMC. En todo caso, dice que quiere reformarlas. Más que Xi Jinping, es Trump el enemigo de ese orden mundial que benefició a Estados Unidos por casi un siglo. Un orden basado en un tejido de alianzas dispuestos a cederle un rol hegemónico”.
“En Asia, aliados como Japón, Filipinas e Indonesia también tuvieron que agachar la cabeza, para ‘evitar lo peor’, es decir, una guerra comercial directa y aceptar las tarifas que Trump les impuso”, subrayó.
A pesar de la aparente victoria estadounidense, Barrios anticipa un efecto de retorno. “Más temprano que tarde, esto va a tener un efecto boomerang sobre Estados Unidos. Porque ese tejido de alianzas se sostenía en parte por su peso específico, pero también por una lógica de concertación. Trump lo está destruyendo. Una cosa es cierta, contrariamente a lo declarado por la Comisión Europea, este acuerdo no elimina en absoluto la incertidumbre. Lo firmado en Prestwick es simplemente un acuerdo político muy vago. Muchos capítulos permanecen abiertos (desde los bienes exentos de aranceles hasta la naturaleza de las compras e inversiones que la UE deberá realizar en Estados Unidos), y hasta la fecha aún no hay un texto consensuado. Según los estadounidenses, se ha eliminado el impuesto web europeo, mientras que, según los europeos, no se ha asumido ningún compromiso al respecto. Los acuerdos comerciales tienen una duración media de dos años, y se espera que éste no sea la excepción. Además, debemos tener en cuenta la imprevisibilidad de Donald Trump, quien, envalentonado por el indudable éxito de las negociaciones, podría querer pronto subir la apuesta”, concluyó Barrios.