Especialistas en sueño e higiene coinciden en que las almohadas no duran para siempre. Con el tiempo acumulan polvo, células muertas, humedad y microorganismos que pueden afectar tanto la calidad del descanso como la salud respiratoria.
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La Sleep Foundation, organización especializada en salud del sueño, recomienda reemplazar la mayoría de las almohadas cada uno o dos años, dependiendo del material y del uso.
Si bien algunas pueden durar más tiempo, los expertos aseguran que el desgaste suele afectar el soporte para el cuello y la cabeza mucho antes de que sea visible.
Las señales de que tu almohada ya cumplió su vida útil
Si tu almohada presenta alguno de estos síntomas, podría ser momento de cambiarla:
- Perdió su forma original.
- Tiene manchas amarillas difíciles de eliminar.
- Presenta grumos o deformaciones.
- Ya no brinda soporte al cuello.
- Te despiertas con dolor cervical.
- Tiene más de dos años de uso frecuente.
Un truco sencillo consiste en doblarla por la mitad. Si no recupera rápidamente su forma, probablemente ya necesita ser reemplazada.
¿Qué riesgos tiene seguir usándola?
De acuerdo con la American Academy of Allergy, Asthma & Immunology (AAAAI), las almohadas pueden convertirse en un refugio para los ácaros del polvo, uno de los principales desencadenantes de alergias.
Además, la humedad acumulada durante años puede favorecer la aparición de hongos y bacterias, especialmente en ambientes cálidos o en personas que sudan mientras duermen.
Cómo hacer que dure más
Los especialistas recomiendan utilizar protectores lavables, cambiar las fundas semanalmente y seguir las instrucciones de limpieza del fabricante.
Aunque muchas veces pasa desapercibida, una almohada en buen estado puede marcar la diferencia entre un descanso reparador y una noche de sueño incómoda.