Por usar su fama para abusar sexualmente de fans, incluidas algunas menores de edad, mediante un esquema sistemático que ejerció por décadas, el cantante de rythm & blues R. Kelly fue sentenciado a 30 años de cárcel y una sanción de 100.000 dólares.
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"Me hiciste hacer cosas que quebraron mi espíritu. Literalmente deseé morir por lo mal que me hiciste sentir. ¿Lo recuerdas?", dijo una sobreviviente anónima dirigiéndose directamente a Kelly.
La abogada de Kelly, Jennifer Bonjean, afirmó que su defendido está en desacuerdo con las caracterizaciones que se hicieron sobre él durante el proceso judicial.
Acusaciones de abuso sexual contra el artista lo acompañan desde la década de 1990, mientras que en 2008 logró evadir acusaciones de pornografía infantil presentadas en su contra en Chicago.
Sin embargo, durante el movimiento MeToo resurgieron las denuncias contra el artista. El fiscal de Brooklyn Breon Peace dijo que la sentencia contra Kelly puede funcionar como testimonio sobre que la justicia debe abrirse paso sin importar cuán poderoso, rico o famoso sea el acusado.
Las denunciantes señalaron que el cantante usó violencia física contra ellas, además de grabar videos de actos sexuales que pensaron que podrían ser usados en su contra. Kelly no testificó durante el juicio, mientras que su equipo de abogados sostuvo que las acusantes fueron novias y fanáticas que no fueron forzadas a hacer ninguna de las prácticas descritas y que disfrutaban las ventajas de su estilo de vida.
Además, argumentaron que el cantante no debería ser sentenciado a más de 10 años por su infancia traumática, desenvuelta entre abuso sexual, pobreza y violencia. La sentencia culmina la lenta caída de Kelly, quien fue adorado por legiones de fanáticos y vendió millones de discos incluso después de que las denuncias sobre abuso de menores comenzaran a circular públicamente.