Texto: Rosana Cheirasco
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Una descolorida tarjeta postal fechada en 1909 muestra la esquina de una animada calle 25 de Mayo donde se funde con Uruguay, en el límite de la Ciudad Vieja y la nueva de Montevideo a comienzos del siglo XX.
El elegante edificio de la esquina derecha luce maravilloso, era la casa señorial del Dr. Antonio Serratosa y Celia Cibils Buxareo. Construido (sobre el padrón 4750 del casco viejo montevideano) en 1897, se conserva aún en pie. Fue reciclado por el estudio de los arquitectos Alberto Graetz y Armando Núñez, con el que obtuvieron el Premio reciclaje del acervo arquitectónico 2014.
Esta nueva intervención convive con el edificio en su valor formal y unitario, a la vez que no renuncia a definir claramente sus contextos temporales.
El reciclaje del edificio respetó el diseño de la fachada de influencia francesa, se conservan intactos sus balcones con balaustradas de mármol y elementos ornamentales del edificio. Todo se conserva en su estado original constituyen en sí mismos un buen ejemplo de eclepticismo novecentista.
La intervención arquitectónica convive pacíficamente con estos elementos gracias a “un tejido continuo de acero inoxidable” que, según han manifestado los arquitectos, por su color y textura refiere a las superficie de pisadas del edificio.
Joyería para edificios
Gustavo Genta es un artista uruguayo que nació el 27 de noviembre de 1971, egresado de la escuela de diseño industrial, vivió varios años en Europa y se afincó cuatro años en Ginebra. Ha realizado exposiciones en diversos países llevando su arte cinético por el mundo. Expuso en París, Ginebra, Washington DC, y hoy tiene entre sus principales clientes compradores norteamericanos.
La prestigiosa galerista Luisa Pedrouzo, responsable de la intervención, nos contó que llegó a Genta a través de su hijo, Paolo Campochiaro, que quedó deslumbrado con una intervención de Genta realizada hace unos años en el espacio cultural Tribu.
Genta se define como un “autodidacta diestro en el uso de las manos.”
Trabaja en forma casi obsesiva con elementos minúsculos, pequeñísimos o varillas de metal. Nos cuenta que actualmente utiliza para sus obras alambre de alpaca que es una aleación de cobra y níquel.
Con ellos, crea cuadros y objetos tridimensionales que alteran la percepción y le hacen trampas al ojo. Sus instalaciones cuelgan sobre la altura, se extienden como tentáculos móviles en las superficies de los techos y las paredes.
En esta intervención, presentada en sociedad en la tarde de ayer en sociedad en el espacio Serratosa, Genta ha trabajado además de las instalaciones con objetos en metal y cristales espejados, en dos familias de cuadros: la de los collage 3D con recortes minúsculos de papelitos blancos o negros y la de cuadros ópticos realizados con varillas de metal y figuras geométricas.
Sin duda, las grandes dimensiones del hall de entrada del edificio y la sala central de planta baja del edificio constituyen un marco espacial adecuado para las obras de grandes dimensiones creadas por Genta.
Sus instalaciones conformadas por sus cuadros y sus objetos como nidos de boyeros aparecen distribuidos en los diferentes espacios del Serratosa. Desde la entrada, donde interviene tanto las paredes como el techo, pasando por el nicho donde desembocan los ascensores de acero inoxidable hasta el gran espacio rectangular conformado por la milla esquina interna del edificio.
Toda una invitación para entrar en un espacio abierto a los juegos de la percepción óptica y estética, diferente y única.
Mientras se desliza la mirada en las creaciones de este artista novedoso que nos regala una bocanada de aire fresco en esta colección de joyería para edificios, como gusta a Genta definir su obra, disfrutamos de un espacio moderno y exclusivo que merece ser visitado.
La premisa de su taller es innovar, tanto en forma como en concepto, es un lugar de investigación permanece, dice Genta, donde se crean objetos únicos, jugando con distintos efectos, colores, movimientos y transformaciones.