Por Germán Ávila
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La composición del Estado en España tiene como particularidad que el partido con mayor votación no posesiona de manera directa al presidente, sino que este debe ser investido por el Parlamento a partir de una votación que decide si posee o no la mayoría parlamentaria. Por esta razón, en diferentes ocasiones ha sido necesario que el partido más votado busque alianzas que permitan lograr la cantidad de votos necesarios para que el jefe del gobierno pueda ser investido; de no lograrse, como ocurrió durante los meses anteriores, es necesario volver a convocar elecciones que definan nuevamente la composición parlamentaria con la correspondiente mayoría necesaria para posesionar al gobierno.
Sergio Pascual, quien se desempeñó como encargado de organización de Podemos en 2014 e hizo parte del equipo negociador con el PSOE luego de las elecciones de 2015, conversó con Caras y Caretas e hizo un esbozo general de cuál es la perspectiva del gobierno de coalición que acaba de iniciar en España.
Los antecedentes
Para Pascual, luego de la fallida alianza con la derecha liberal en 2015, el PSOE sufrió una fractura que permitió la recuperación del liderazgo por parte de la visión más progresista de la política en cabeza de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Sánchez ocupa el cargo de jefe de Gobierno desde junio de 2018, luego de la dimisión de Mariano Rajoy –del Partido Popular–, quien sufrió una moción de censura impuesta por el Parlamento a raíz del llamado caso Grüntel, donde varios miembros del PP fueron hallados culpables de pertenecer a una red de corrupción política y donde estuvo involucrado Rajoy. Finalmente, el Parlamento aceptó la moción de censura presentada por el PSOE, que a su vez presentó a Sánchez como candidato a la presidencia, saliendo victorioso por 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención.
A partir de ahí, el gobierno de Sánchez ha generado un viraje de la política española hacia el progresismo con respecto a su antecesor; sin embargo, en las elecciones de 2019 no alcanzó los escaños suficientes en el Parlamento para nombrar al presidente sin necesidad de alianzas. Por otra parte, el partido de la derecha liberal Ciudadanos cayó radicalmente en el número de escaños y la ultraderecha de Vox aumentó su número de representantes.
Lo que continuó, luego de conocerse los resultados de las elecciones, fue la búsqueda de una fórmula de gobierno que permitiera establecer una coalición, no solamente en términos numéricos sino políticos, siendo consecuentes con los preceptos ideológicos que están sobre la mesa de debate en los gobiernos alrededor del mundo.
Luego de varias semanas de negociaciones, finalmente el PSOE y Unidas Podemos lograron un acuerdo programático para el periodo que se avecina. Este acuerdo se produce no solo por el desplome electoral de la derecha liberal, sino porque se hace necesario, aunque no fácil, plantar cara en un modelo de gobierno que debe tomar posturas que no admitan medias tintas respecto a las políticas económicas neoliberales o la política migratoria en España, como solo dos ejemplos.
Los principales retos
La respuesta a esta alianza, en palabras de Pascual, ha sido que “toda la derecha política y mediática monte en cólera y salte a la yugular del gobierno, en un ataque sin precedentes en décadas”. Una de las principales muestras de ello es que, por ejemplo, las críticas que ha recibido el gobierno progresista de España no han sido pocas con ocasión de la visita de Juan Guaidó no solo por no haberle recibido ni reconocerlo como presidente interino de Venezuela, sino porque a partir de ahí, como ha sido la postura corriente de los países que se hallan alineados con los Estados Unidos, se ha generado una serie de estigmatizaciones en las que se asocia al gobierno español con posturas dictatoriales o totalitaristas.
En ese sentido, Pascual afirma que uno de los principales retos que tiene por delante este gobierno en España es generar un ambiente político que se sobreponga al ruido que está generando la derecha, que pretende arrastrar el ejercicio de gobierno a tener que entrar en el desgaste de la defensa, no solo jurídica sino moral, principalmente porque lo que los gobiernos de derecha hacen a sus anchas es considerado como el orden natural de las cosas, mientras que cualquier cosa que haga un gobierno de izquierda está sujeto a escrutinio o, peor aún, a la contradicción automática del derecho a gobernar.
Lo que hay de fondo en todos estos ataques es la búsqueda de evitar que el gobierno de la coalición de izquierda saque adelante las políticas económicas que la gran mayoría de la población de España precisa, con el fin de lograr cambios sensibles en sus condiciones de vida, como han sido el aumento del salario mínimo o la restitución de los derechos que fueron recortados durante los gobiernos del Partido Popular.
Otro de los grandes retos que se vienen en el próximo gobierno es lograr comunicar que, por encima del ruido de la oposición de derecha amplificado por la gran prensa, está la verdadera agenda de gobierno, que tiene en sus prioridades la construcción de una sociedad donde se privilegie a la población por encima de la acumulación desmedida, lo que sin duda generará un cambio importante en la sociedad a mediano y largo plazo.
Pero uno de los mayores retos que debe asumir este gobierno, de acuerdo con Sergio Pascual, está en el ámbito territorial, donde la derecha tiene más terreno ganado. Hay una gran disputa en el tema de la independencia de Cataluña, que se ha convertido en uno de los puntos de quiebre de la política española y que despierta muchas opiniones e incluso pasiones encontradas, y, a su vez, se ha convertido en fértil terreno de cultivo para exacerbar el nacionalismo que termina redituando en votos para la derecha radical.
Ese es un tema que está lejos de resolverse y las aristas desde donde puede ser visto son muchas, una de las cuales es que en el Parlamento la abstención de los independentistas catalanes permitió que Sánchez alcanzara los votos necesarios para ser investido como presidente. Esto en diferentes ámbitos ha sido mostrado por la derecha como un acuerdo de contraprestación por parte del gobierno central para esta corriente política, lo que resultaría en mayores privilegios para los catalanes que para el resto de los españoles. Finalmente, este es un debate que está lejos de resolverse, pero se convierte en un aspecto clave en la opinión pública española.
En conclusión
Finalmente, es importante ver que los acuerdos que permitieron que el gobierno español quedara en manos de una coalición del progresismo, es un escenario de disputa ideológica exacerbado en los últimos años, donde las posturas se han decantado al punto de que la recomposición de fuerzas de la centroderecha y la derecha liberal ha hecho que estos escenarios no se fortalezcan como propuesta ideológica, sino que, por el contrario, vean cómo se van separando las aguas hacia posiciones más definidas con respecto a escenarios como las agendas de derechos y la defensa de la gran acumulación de capital a costa de condiciones de vida dignas de la gran masa trabajadora.
Los retos del PSOE y Unidas Podemos están, por un lado, en llevar a buen puerto una propuesta que ya empezó a dar sus primeros frutos con las medidas laborales implementadas en las últimas semanas, que dan un poco de aire a la clase trabajadora luego de una tradicional presión tributaria que genera profundos descontentos y que, por más instalado que se tenga un discurso en los grandes medios, termina predominando el principio de realidad. Pero, por otro lado, deben ser capaces de ganar en opinión para que la población no termine simplemente mejorando su capacidad de compra y no perciba que los beneficios individuales corresponden a políticas de gobierno y no simplemente al esfuerzo particular, como ocurrió con los gobiernos progresistas del otro lado del Atlántico.