El gesto fue presentado como simbólico y solemne, pero terminó requiriendo una explicación formal. Luego de que la dirigente opositora venezolana María Corina Machado afirmara haber entregado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la medalla de su Premio Nobel de la Paz, el Comité Nobel Noruego decidió recordar una obviedad histórica: los premios no se heredan, no se comparten y no cambian de titular por cortesía diplomática.
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Según informó el Comité, la medalla y el diploma son apenas los objetos físicos que acompañan al galardón. El Premio Nobel de la Paz —el reconocimiento en sí— queda “inseparablemente ligado” a la persona u organización designada como laureada, sin importar dónde termine el oro ni quién lo exhiba.
La aclaración llegó después de que Machado declarara en Washington que había entregado su medalla a Trump durante un almuerzo privado en la Casa Blanca, encuentro que también contó con la presencia del secretario de Estado Marco Rubio y del que no participaron los medios. Más tarde, el propio Trump confirmó el gesto en su red Truth Social y agradeció lo que describió como “un maravilloso gesto de respeto mutuo”.
Estatutos de la Fundación Nobel
El Comité Nobel fue cuidadoso en el tono, aunque preciso en el contenido. Recordó que un galardonado no puede transferir ni compartir el premio, que el Nobel no puede ser revocado y que la decisión del comité es definitiva y permanente. Dicho de otro modo: la historia no se edita con ceremonias posteriores.
Eso no significa que la medalla sea intocable. Los estatutos de la Fundación Nobel permiten que los laureados conserven, donen, vendan o regalen el objeto. De hecho, varias medallas han terminado en museos, universidades, subastas millonarias o, en un caso histórico, como obsequio político en plena Segunda Guerra Mundial.
La diferencia, subrayó el Comité, es que esos recorridos materiales no alteran el registro oficial. La medalla puede viajar, cambiar de vitrina o de manos; el Nobel, no. Y aunque el gesto haya sido celebrado públicamente, el premio sigue perteneciendo —al menos en los archivos de la historia— a quien fue oficialmente distinguido.
Así, mientras una medalla de oro de 18 quilates suma una nueva anécdota a su biografía, el Comité Nobel se aseguró de dejar claro que, en materia de premios, la simbología tiene límites bastante precisos.