La reelección de Lula como garantía para la vida digna
El respaldo del feminismo popular a la reelección de Lula se basa en un elemento básico: las mejoras en las condiciones de existencia de las mujeres y los avances en políticas de género durante las gestiones del líder del Partido de los Trabajadores (PT). Así lo expresa el colectivo Marcha Mundial de las Mujeres un movimiento que nuclea a diversos colectivos feministas populares de Brasil, que este año redactó una carta de compromiso político con la reelección de Lula da Silva. “Las mujeres saben que esta no es una elección cualquiera, ni para el pueblo brasileño, ni para América Latina y el Caribe”, señalan al inicio de su manifiesto definiendo el escenario electoral como determinante para el futuro político de la región. “Queremos un país soberano, democrático y feminista”, afirman a continuación.
Desde el colectivo aseguran que “los cambios en la vida de las mujeres pasan por las elecciones” y grafican esta idea mencionando algunos avances de la actual gestión que reflejan conquistas históricas del movimiento: “Lula retomó políticas públicas fundamentales para las mujeres: la recreación del Ministerio de las Mujeres, la reconstrucción de una agenda integral de enfrentamiento a las violencias contra las mujeres y al feminicidio, la construcción de la Política Nacional de Cuidados”.
Para ellas, la continuidad del actual mandatario resulta crucial para consolidar los avances alcanzados en materia de género y contener el avance de la extrema derecha. “Queremos reelegir a Lula para dar muchos pasos más allá. Uno de ellos es construir el Sistema Nacional de Política para las Mujeres, para que sean política de Estado, y no apenas de gobierno. Necesitamos un gobierno que enfrente al imperialismo y cree las condiciones para que nuestra soberanía no sea apenas un discurso”, señalan. Y añaden: “Derrotar a la extrema derecha en estas elecciones significa frenar los retrocesos, la violencia y la destrucción del Estado. El proyecto de la extrema derecha es contra la vida de las mujeres”.
El posicionamiento también aboga por “políticas de trabajo y de cuidado que construyan la igualdad”, vinculándolas con la autonomía económica de las mujeres, entendida como “condición para la igualdad y para una vida libre de violencia”. En tal sentido, señalan que “la división sexual y racial del trabajo es estructurante de la explotación del trabajo, base de la acumulación capitalista”, al tiempo que recuerdan que la mayor parte de las trabajadoras se desempeñan en la informalidad, sin derechos laborales ni protección social, o percibe hasta dos salarios mínimos. En este contexto, consideran fundamental mantener la política de valorización del salario mínimo por encima de la inflación y exigen que “el cuidado sea un derecho y responsabilidad del Estado, y que la sostenibilidad de la vida sea un objetivo de la política económica”.
“Avanzamos mucho en el gobierno de Lula: conquistamos la Política Nacional de Cuidados, inédita en la historia del país; la construcción de lavanderías populares y espacios comunitarios de cuidado; la valorización del salario mínimo por encima de la inflación”, aseguran.
Nuevas luchas
Entre las demandas prioritarias, la marcha de mujeres plantea “seguir luchando” con el objetivo de “enfrentar el capital financiero, las privatizaciones y la financiarización de la naturaleza; garantizar presupuesto para hacer de la Política Nacional de Cuidados una política universal, eje de la política económica”. También proponen universalizar las guarderías y la educación básica a tiempo completo como condición indispensable para la autonomía femenina y destinar presupuesto para la creación de lavanderías, restaurantes populares, cocinas colectivas y centros de atención para personas mayores, con prioridad en periferias urbanas, zonas rurales y comunidades tradicionales.
En materia de derechos humanos y salud pública, el colectivo exige profundizar las acciones afirmativas para mujeres lesbianas, bisexuales, travestis y trans, además de “descriminalizar y garantizar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito para las mujeres y todas las personas que gestan a través del Sistema Único de Salud”. En la misma línea, demandan erradicar la violencia de Estado en las periferias, frenar la militarización de las escuelas públicas y reforzar los mecanismos contra la violencia política de género.
A nivel internacional y soberano, el comunicado cuestiona el rol del capital financiero y propone luchar contra las grandes empresas tecnológicas, instando a consolidar una soberanía digital y energética en beneficio de la población. La declaración incluye un pedido expreso para interrumpir la importación de armamento e insumos militares israelíes y exige avanzar de forma decidida en la reforma agraria y la demarcación de territorios indígenas y quilombolas.
Finalmente, las activistas se posicionaron en pie de lucha: “Estamos organizadas y en lucha para reelegir a Lula presidente y formar un Congreso Nacional con diputadas y diputados, senadoras y senadores aliados de las mujeres y del pueblo brasileño. Queremos cambiar el mundo y cambiar la vida de las mujeres. Nuestro horizonte es la superación del capitalismo racista y patriarcal y la transformación profunda de la sociedad”.
“Con quien camina al lado del pueblo”
Otro de los colectivos más visibles de Brasil que ha manifestado su apoyo a Lula es La Marcha das Margaridas, catalogado como el mayor movimiento de mujeres trabajadoras rurales del mundo. En su carta de apoyo, la organización destacó que a lo largo de sus 26 años de trayectoria “las mujeres del campo, del bosque y de las aguas han ocupado las calles de este país reafirmando la fuerza de su movimiento” y que han construido “una marca política inconfundible: la defensa de la democracia y de los derechos de las mujeres contra el fascismo, contra el autoritarismo y contra todas las formas de violencia, sobre todo la violencia que se abate sobre nuestros cuerpos y nuestros modos de vida”. Desde esa historia de lucha, las trabajadoras rurales reafirmaron su compromiso con Lula por “la defensa de la democracia, de la soberanía popular y de los derechos de las trabajadoras y trabajadores rurales de Brasil”.
El colectivo señala, además, que reconoce en este candidato “un compromiso construido a lo largo de décadas con las políticas de reforma agraria, de combate al hambre, de valorización de la agricultura familiar y campesina, y de enfrentamiento a las desigualdades que afectan a las mujeres del campo con aún más fuerza”. Al definir su postura, remarcaron que su colectivo “es militante, feminista y popular”, y que “caminan junto a quien también camina al lado del pueblo”. Enfatizan también que la democracia se defiende con organización y movilización, bajo “la certeza de que los derechos conquistados por nosotras, mujeres trabajadoras rurales, no retroceden”. El movimiento formalizó su respaldo para construir un Brasil “democrático y feminista que respete a las mujeres del campo”, concluyendo su manifiesto con la consigna: “Por la vida de las mujeres. Por la democracia. Por la tierra, territorio y maritorio. Seguiremos en marcha hasta que todas seamos libres”.