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Mundo pena de muerte |

Un debate vigente

La pena de muerte: ¿la humanidad avanza?

Dos noticias pasaron casi desapercibidas. Ambas en Estados Unidos. Ambas sobre la pena de muerte. Ambas vinculaban la aplicación de la pena de muerte.

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La pena de muerte, aunque no siempre llegue a los grandes titulares, sigue vigente. El debate está abierto. Estados Unidos sigue siendo uno de los países que más conflictos presenta en la aplicación de esta pena.

A veces la pregunta de este título nos interpela. No es necesario buscar en el libro de Historia, Filosofía o Antropología: las noticas de los informativos nos obligan a pensar autocríticamente sobre lo que puede ocurrir, en nuestro tiempo.

Hace un par de años, ¿hubiéramos pensado que se produciría una guerra encabezada por una de las mayores potencias, como fue la de Rusia y Ucrania? Hace menos de 6 meses, sin saber las noticias de los ataques de Hamas a Israel, ¿hubiéramos pensado que el gobierno de Israel iba a cometer crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino?

¿Y la pena de muerte?

No. Nos hubiera sonado a una fake news. Pero es igual. Y más que levantar el dedo acusador, debemos asumir nuestra cuota de culpa.

Los principales voceros de la Naciones Unidas (el Secretario General; los Alto Comisionados para Refugiados -ACNUR- y para Derechos Humanos -ACNUDH-, el responsable de la Alimentación -FAO- y el de la Salud -OMS-), han condenado los ataques a la población civil, a hospitales, y a las caravanas de los llamados corredores humanitarios, han condenado esta política, pero no pueden hacer nada.

Todo porque el Consejo de Seguridad necesita la unanimidad de los Estados miembros permanentes (EEUU, China, Rusia, Reino Unido y Francia) - las potencias ganadoras de la II Guerra Mundial. A imagen y semejanza del mundo post 1948, que en nada se parece al actual, fueron creadas las reglas que permanecen incambiados, en la máxima organización mundial, multilateral.

Lo mismo, de algún modo, aunque pase más desapercibido sentimos con la aplicación por parte de algunas de estas potencias de la Pena de Muerte.

Alzan su voz cuando la anuncian persas o algún país árabe, pero no cuando lo hacer ellos mismos, con las peores condiciones de sufrimiento humano. Violan el derecho a la vida, y el Consagrado en la Declaración Universal que prohíbe los “tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

Dos noticias pasaron casi desapercibidas. Ambas en Estados Unidos. Ambas sobre la pena de muerte. Ambas vinculaban la aplicación de la pena en dos personas y la suspensión de la ejecución por manipuleos con el condenado y su condición humana. Uno está muerto, el otro aún no. En pleno siglo XXI, trataron de matarlo, pero no pudieron.

En el mes de enero, fue ultimado Kenneth Smith en Alabama. Esperó durante meses su ejecución. Esos meses en que conocía su destino final, quizás fueron los más crueles de todos. No importa cuán grave hayan sido sus delitos. El es un criminal y aplicándole la pena de muerte, el Estado se pone a su nivel. Es algo parecido a la teoría de los dos demonios que equipara en tiempos de dictadura a quienes la resistieron con el Estado mismo. Por eso muchos no entienden la tipificación de los imprescriptibles “delitos de lesa humanidad”.

Esperó dos años desde la condena hasta el “intento de ejecución”. En noviembre de 2022, fue el primer intento de ejecutarlo, mediante inyección letal. No le encontraron la vena que permitiera la inyección letal. Esperó una nueva fecha un año y meses y finalmente fue ejecutado este enero con gas nitrógeno, algo cuestionado y desaconsejado por médicos y magistrados, por causar un sufrimiento indescriptible por asfixia.

Los testigos oficiales coinciden que tras ser atado en la camilla de ejecución fue analizado por médicos para constatar que gozaba de buena salud. Luego comenzó el proceso de asfixia que duró más de veinte minutos. Todos coinciden que se retorcía en la camilla demostrando que estaba consciente, pero luchaba contra los intentos de asfixia, hasta que esta pudo más que él.

Esto ocurrió en la autodenominada “democracia ejemplar” del mundo: los Estados Unidos de América.

También este mes de enero pasado estaba prevista la aplicación de la pena de muerte a Thomas Creech de 74, un asesino serial iba a ser ejecutado en el Estado de en el Estado de Idaho, al nordeste de Estados Unidos. El jefe de las prisiones Federales del Estado, Dr. Josh Tewalt, anunció que el equipo médico no podía establecer una vía intravenosa, lo que imposibilitaba la ejecución.

Ello determinó que, tras cinco intentos, pinchándole los brazos derecho e izquierdo, se suspendía la ejecución y de acuerdo a la ley del Estado, la sentencia de muerte expiraría.

O sea, que hoy está en un limbo, en su celda esperando definición del Juez, si se intenta ejecutarlo nuevamente o se espera nueva sentencia que modifique loa pena. Es un criminal. Y es el siglo XXI.

En Estados Unidos, las normas varían de Estado en estado mientras se espera una definición del soberano sobre su prohibición el Constitución Federal.

La pena capital en Estados Unidos rige en 27 estados y ha sido abolida en 23. Sin perjuicio de ello, su aplicación esta limitada por la octava enmienda, que aun en los Estados donde es legal la limita a homicidios agravados por adultos mentalmente competentes. Hay además 11 Estados en los que existe una moratoria, por lo que en la práctica no se había aplicado en todos Estados Unidos, hasta este enero desde hacía más de 10 años.

Nos da vergüenza humana. Y mientras tanto en nuestra democracia humanitaria, hay candidatos que quieren aplicar las normas “Bukele”, dictador de El Salvador, más allá de que haya ganado las elecciones. Tener respaldo popular es requisito imprescindible, pero no suficiente, para que haya democracia.

Uno propone patrullaje militar, otro (creo que se llama Iafigliola, ¿puede ser?), el estilo Bukele, en Uruguay. Qué pena, pero asumamos, esto se está naturalizando.