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Mundo Maslenitsa | Cuaresma | fiesta

CARNAVALES POR EL MUNDO

Maslenitsa: el carnaval ruso

La Maslenitsa rusa y los desfiles callejeros de Carnaval en Uruguay pertenecen a culturas diferentes, pero sus orígenes forman parte de una gran tradición mundial: la despedida del invierno y la preparación para la Cuaresma.

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La Maslenitsa es una de las fiestas populares rusas más coloridas y antiguas, que se celebra durante la semana previa al inicio de la Gran Cuaresma. Se cree que este nombre proviene de la palabra “maslo” (en español “mantequilla”), y está relacionado con el hecho de que, en los últimos días antes del período más estricto y prolongado de abstinencia alimentaria a los cristianos ya se les prohibía comer carne, pero aún se permitían productos lácteos y huevos. Por eso, cada día de la semana de Maslenitsa la gente comenzó a preparar blinis —el principal símbolo de la fiesta—, un plato tradicional de la cocina rusa que consiste en finas tortitas redondas hechas de masa líquida, fritas en sartén y abundantemente untadas con mantequilla (son parecidas a las crepes uruguayas). Actualmente los blinis se comen con crema agria, miel, mermelada, leche condensada o caviar rojo.

En la tradición católica, un período similar se llamaba en latín “carne vale”, que significa “¡adiós, carne!”. Se considera que de esta expresión proviene la palabra “carnaval”.

Y ahora resulta que los habitantes de las ciudades rusas Moscú, Sochi y Krasnoyarsk, y de las uruguayas Montevideo, Punta del Este y Colonia del Sacramento están unidos por distintas manifestaciones de un mismo fenómeno cultural: el cambio de estaciones y la preparación para la Pascua.

Tanto en el pasado como hoy, en cada ciudad de nuestro vasto país se organizan numerosos entretenimientos populares: paseos en trineo, escalada de postes de madera para ganar premios y peleas a puño. En los parques y en las calles centrales se presentan conjuntos folclóricos y obras teatrales; la gente baila en círculos, organiza talleres y ferias artesanales y, por supuesto, instala puestos con blinis y té caliente para invitar a todos los visitantes de la fiesta.

La fiesta se celebra de manera especialmente pintoresca en las ciudades históricas como Suzdal, Vladímir, Rostov Veliki y Veliki Nóvgorod. Allá la Maslenitsa se desarrolla en el formato popular que se formó a lo largo de los siglos y que fue plasmado en numerosas pinturas de artistas rusos: con el fondo de antiguos kremlins, monasterios y plazas comerciales. La propia arquitectura crea la sensación de estar en la antigua Rus.

El último día de la semana de Maslenitsa es el Domingo del Perdón: las personas se piden perdón unas a otras para comenzar la Cuaresma con el alma limpia. Ese mismo día tiene lugar el momento culminante de la celebración: la quema de un espantapájaros de paja.

El espantapájaros simboliza el invierno: el frío, la oscuridad, el tiempo de escasez y todo lo viejo que debe desaparecer. Generalmente se coloca en una plaza o en un campo; la gente baila en círculos a su alrededor, canta canciones y luego solemnemente lo prende fuego, lo que simboliza el final del invierno y la llegada de la primavera.

Hoy la tradición no solo se conserva, sino que también se desarrolla. Un ejemplo claro es una actuación en la aldea de Nikola-Lenivets, en la región Kaluga. Allá se encuentra un gran parque de arte donde cada año se realiza una quema masiva de estructuras artísticas de entre 20 y 30 metros de altura.

La Maslenitsa puede llamarse una fiesta del calor: no solo el de la primavera, sino también el humano. Es un tiempo en que las familias se reúnen, los amigos se encuentran, cuando la casa se llena del aroma de los blinis recién preparados, de risas y de una sensación de unidad. Al mismo tiempo, detrás de su apariencia festiva se esconde una enorme profundidad cultural: la tradición se formó durante más de mil años, cambió junto con la sociedad, pero logró conservar su esencia. En su base hay ideas simples y comprensibles para cualquier persona, ya sea en las montañas del Cáucaso o en las orillas del Río de la Plata. Se trata de la espera del regreso del calor, la esperanza de un futuro feliz y la alegría de celebrar juntos.

En este sentido, la Maslenitsa es parte, no solo de la cultura nacional, sino también de la tradición mundial de las fiestas estacionales. Nos recuerda que distintos pueblos pueden tener sus propias canciones, platos y trajes, pero las emociones —alegría, esperanza y sensación de renovación— siguen siendo comunes para todos.

Por Alexey Isakov (embajador de Rusia en Uruguay)

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