Ese escenario comenzó a resquebrajarse en los últimos meses. La lógica estratégica que impulsaba la relación parece haber cedido ante una política comercial agresiva que no distingue entre rivales y aliados. India no está sola: Japón, Corea del Sur y países del sudeste asiático también enfrentan nuevas barreras, pero el caso indio resulta particularmente paradójico por su relevancia en los cálculos geopolíticos estadounidenses.
Un vínculo bajo tensión
Detrás de este giro, hay tensiones que venían gestándose. India mantiene un superávit comercial con Estados Unidos y aplica políticas proteccionistas en sectores sensibles como la agricultura, un punto que siempre generó fricciones. Para aliviar la presión, Nueva Delhi había propuesto aumentar sus compras de equipamiento energético y de defensa estadounidense, buscando equilibrar la balanza. Sin embargo, esto no bastó para evitar la ofensiva arancelaria.
A la ecuación se suma un elemento explosivo: el petróleo ruso. Cuando comenzó la guerra en Ucrania, las importaciones indias de crudo ruso eran marginales; hoy representan alrededor de un tercio del total. Este giro energético desafía la estrategia de sanciones liderada por Washington y añade un componente geopolítico complejo a la disputa comercial.
Contradicciones estratégicas, futuro incierto
El caso indio ilustra una contradicción mayor en la política exterior estadounidense, el uso de instrumentos comerciales punitivos contra socios que considera esenciales para su arquitectura de seguridad en Asia. Si el objetivo declarado sigue siendo contener a China, ¿por qué castigar a quienes comparten esa preocupación?
En India, la respuesta no está clara. El descontento crece no solo entre funcionarios, sino también en el sector privado, que teme que la escalada afecte proyectos en defensa, tecnología y energía. Mientras tanto, el viejo objetivo común —cooperar frente a la expansión china— parece ausente de la agenda inmediata.
¿Nuevos aliados?
La decisión de la administración Trump de aplicar sanciones únicamente contra India por la compra de petróleo ruso —y no contra China, el mayor importador de energía de Moscú— ha generado desconcierto y tensiones políticas. Mientras Pekín continúa adquiriendo crudo ruso a precios reducidos sin enfrentar medidas similares, Nueva Delhi intensifica su diplomacia: altos funcionarios indios visitaron Moscú este mes para reunirse con Vladimir Putin y ultimar detalles de una próxima visita del mandatario ruso a Nueva Delhi, mientras Narendra Modi prepara un viaje histórico a China tras siete años de ausencia. En apenas cuatro meses, la estrategia que convirtió a India en pilar de la política estadounidense hacia Asia se ha transformado radicalmente, el que fuera el gran contrapeso a China busca ahora su propio contrapeso frente a Washington.