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Política Cuba | bloqueo |

la asfixia de EEUU

Cuba: la línea roja

Es bastante claro que no se descarta una posible agresión militar si la estrategia de bloqueo energético total sobre Cuba no es suficiente para destruir el país y rendirlo.

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La orden ejecutiva firmada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el pasado jueves 29 de enero, establece un bloqueo petrolero total sobre Cuba, cuyo objetivo desembozado es provocar una catástrofe humanitaria de inmediato que obligue al Gobierno de Cuba a rendirse. Esta medida, a la vez de absolutamente ilegal, la justifican invocando una “amenaza inusual y extraordinaria” que representaría Cuba contra los Estados Unidos, una imputación absurda, groseramente falsa.

Como toda nueva medida extravagante en el contexto de una guerra de agresión económica, política, diplomática y hasta militar sostenida por EEUU durante más de sesenta años, en el fondo también es el reconocimiento del fracaso estrepitoso de todo lo que intentaron antes. Ni las sanciones ni las amenazas, ni las invasiones ni el terrorismo han logrado hacer caer a la Revolución cubana, pero es evidente que desde la caída de la Unión Soviética, Cuba vive en un estado de cotidiana zozobra que se alivió con el advenimiento de la Revolución bolivariana de Hugo Chávez, país que pasó a ser su principal aliado en el mundo, pero volvió a deteriorarse cuando también las sanciones y la caída operada del precio del petróleo comenzaron a destruir la economía venezolana.

La política de asfixia y bloqueo total

En los últimos años, la economía de Cuba ingresó en una trayectoría de caída libre por la llegada de Donald Trump y su inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, y la imposición de cientos de sanciones adicionales. A ello, se sumó la pandemia, que hizo estragos en todos lados, pero a la economía de un país ya muy bloqueado y cuya industria principal, el turismo, se veía totalmente paralizada por las medidas de cierre que impuso el covid-19, le hizo todavía más daño sin soslayar el mérito científico y sanitario gigantesco de Cuba, que logró hacer sus propias vacunas en soledad y vacunar a toda su población, porque ni siquiera en ese marco Trump tuvo algún gesto humanitario.

El Gobierno de Joe Biden no tuvo el valor necesario para sacar desde el primer día a Cuba de esa lista que impone un bloqueo financiero, porque deja al país fuera de los sistemas bancarios, y recién la excluyó en las últimas horas de su mandato. Trump asumió y volvió a imponerlas el primer día. Concretamente, Biden la excluyó el 14 de enero del año pasado y Trump la reincluyó el 20 de enero. Cuba no llegó a una semana de estar fuera de esa lista maldita.

La suma de todas esas medidas, de todas esas listas, de todas esas restricciones ha producido una situación dramática en la economía de la isla y ha inducido a una corriente emigratoria, sobre todo de gente joven. Pero ahora, a partir del 3 de enero, un nuevo capítulo se abrió en la estrategia de asedio y asfixia. El secuestro de Nicolás Maduro y el bloqueo naval que, en los hechos, se venía aplicando desde octubre del año pasado, han significado la interrupción total del suministro de petróleo venezolano a Cuba. De todos modos, Cuba tiene un poco de producción propia (unos 40 mil barriles por día), que alcanza a un tercio aproximadamente de su demanda, y venía recibiendo desde hace tiempo petróleo que compraba a Pemex de México. A todo esto, debe añadirse que el hostigamiento y empecinamiento sancionatorio de los Estados Unidos han venido provocando un envejecimiento de la infraestructura, que no puede ser correctamente mantenida porque Cuba no accede a los repuestos, ni aunque los pague al contado, toda vez que en la industria es común que haya piezas de fabricación estadounidenses incluidas en el bloqueo.

Sin el suministro de petróleo venezolano, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, un estadounidense de padres cubanos que se fueron a Miami antes de 1959, pero que igual ha hecho carrera diciendo que es descendientes de exiliados y que se precia de derecha radical, ha tesado impulsando la aplicación de una solución final nazi: o bien un bloqueo naval que impida ingresar petróleo a Cuba, o bien esta forma de bloqueo impone aranceles extraordinarios a cualquiera que quiera venderle petróleo a Cuba. La medida se dirige contra Cuba, extorsiona a todo el mundo, pero apunta especialmente a condicionar a México, que suspendió un envío petrolero que debía llegar a Cuba por el contrato que Cuba tiene con Pemex para evitar esos aranceles. México está dispuesta a enfrentar esa disposición de EEUU, pero está buscando vías para hacerlo sin que Estados Unidos adopte represalias que le causen un daño significativo a México. No es nada fácil, pero esa es la decisión de Claudia Sheinbaum.

Firmada esta orden ejecutiva, Cuba ha comenzado un doble camino. Por un lado, denunciando en el mundo esta medida genocida e instruyendo a su canciller, Bruno Rodríguez, para que mantuviera contactos de alto nivel con Vietnam, China y Rusia. Por otro, tomando decisiones internamente para prepararse para la deprivación absoluta de petróleo extranjero que traerá consecuencias tremendas para la población, mientras continúa avanzando en una estrategia de soberanía energética basada en fuentes renovables, como la energía solar. Cuba lleva instalados, en el año 2025, en convenio con China, casi 1000 MW de capacidad con 49 parques fotovoltaicos, y pretende cerrar febrero y marzo con 150 MW más de capacidad. Eso no es suficiente para satisfacer los picos, sobre todo nocturnos, de demanda eléctrica del país, pero sigue en el cambio de reducir la necesidad de petróleo para las termoeléctricas.

No se puede descartar una agresión militar de EEUU contra Cuba

De las declaraciones ofrecidas por las autoridades cubanas, el país mantiene su tesitura habitual de estar abierto al diálogo con Estados Unidos en condiciones de igualdad, pero es bastante claro que no se descarta una posible agresión militar si esta estrategia de bloqueo energético total no es suficiente para destruir el país y rendirlo. Por eso, desde hace semanas el país se apronta para un escenario hipotético de guerra defensiva, bajo la doctrina de guerra de todo el pueblo, la misma doctrina que triunfó en Vietnam.

Por el momento, las declaraciones de los países, incluyendo los países de la región y Uruguay, han sido prácticamente nulas. Uruguay no ha emitido ni siquiera un comunicado de Cancillería y llama la atención que el periodista Edison Lanza, que funge de representante del país en la OEA y que jamás se ha pronunciado sobre los hundimientos de lanchas en el Caribe, ni sobre el bloqueo petrolero a Cuba, dedicó su tiempo esta semana en ese tradicional Ministerio de Colonias para hablar del deterioro de la situación de derechos humanos en Nicaragua, país que no integra la OEA hace varios años, a partir de una exposición oral de la opositora cubana Rosa María Payá que, además de anexionista, fue promovida por los Estados Unidos y, en particular, por la ultraderecha de Trump para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Me permito expresar, como uno de los tantos integrantes de familias uruguayas que se refugiaron en Cuba durante la dictadura que asoló nuestra tierra, que un silencio de nuestro país en este tema es inaceptable. Si no se quiere hacer oír la denuncia a lo que está pasando y organizar desde el Estado ayuda para que llegue a Cuba por un principio básico de justicia y humanidad ante una práctica genocida e ilegal de los Estados Unidos, al menos debe hacerse en retribución a la inmensa hospitalidad que recibimos tantos uruguayos que fuimos protegidos por Cuba cuando éramos perseguidos, a la infinita solidaridad que ha desplegado Cuba en cada minuto de su historia. Cualquier excusa que se invoque para no hacerlo no es estrategia, no es inteligencia, no es astucia: es simple y llanamente una actitud de mierda.

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