Eso estaba claro para Leandro Gómez, y por eso tenía la cabeza levantada cuando la felonía cobarde lo fusiló más allá de que se llenaran el garguero con la libertad los traidores. Y esto es lo que engrandece a través de los tiempos a aquel que la canción llamó nuestro más grande guerrero.
Luego vienen las palabras vacías de discursos, entrevistas y declaraciones. Pero a pesar de este camuflaje, los conceptos de dignidad y patria quedan.
Un día después, Estados Unidos ataca, interviene y secuestra al presidente de Venezuela. Los actos preparatorios fueron siempre en nombre de la doncella Libertad. Pero ya no les importaba enmascarar sus verdaderas intenciones, así que la violaron en nombre de la expoliación de recursos y el juego geopolítico. Al carajo las formas y chau soberanía. Parece que al general Flores le daba un poco de vergüencita lo que estaba haciendo en la entrega de nuestra soberanía que aquí ni siquiera tuvieron.
Pero antes de que los maestros de la actuación se rasguen las vestiduras y practiquen el arte de la victimización, aclaro que no estoy comparando a Leandro Gómez con Maduro. Para empezar, el primero dijo que se rendiría cuando sucumba y cumplió, y para mí la coherencia es un valor fundamental. Lo que sí estoy comparando es que siempre en nombre de las mismas cosas se avasalla la soberanía de los pueblos y combate su resistencia.
Por otro lado, el bombardeo de Paysandú, la masacre de los que resistían y el fusilamiento de sus héroes no fue el final de la historia, sino el principio de algo igualmente o más terrible aún que fue la guerra de la Triple Alianza y el aniquilamiento de un pueblo como el paraguayo, que tenía mucho de vanguardia por esos días. Este hecho que como oriental me avergüenza también fue con la justificación de la lucha por la libertad y contra el despotismo del mariscal López. ¡Qué casualidad! No lo van a poder creer. Primero se invadió a los orientales y después, como López apoyó la heroica resistencia de Paysandú, la emprendieron con los paraguayos, saqueando, apropiándose de territorios y matando cerca del 90 % de la población masculina adulta del Paraguay. En nombre de la libertad y contra el despotismo.
Así entonces, declaraciones similares de personeros del Partido Nacional (la Inteligencia Artificial dice que la senadora Graciela Bianchi, por ejemplo, hizo un apoyo implícito de la intervención; el que lo entiende, lo entiende. Y que le haga juicio a la IA en todo caso) actuaron de igual manera que la acción de las cañoneras brasileñas frente a Paysandú. Me imagino a más de uno de estos que no les gustó ni siquiera la declaración de su propio partido, y lateral o elípticamente argumentó a favor de la intervención imperial, moviendo el rabo ante la caricia en el pelo o en la calvicie de Mitre o del Marqués de Caxias.
Es en esas justificaciones 160 años después donde se fusila de nuevo al general Leandro Gómez y sus convicciones de soberanía e independencia (o la muerte).
En un intercambio poco fructífero con un caniche de whatsapp, al darle estas argumentaciones llegó a decir, algo que oí después por otro lado, la ignominia de que en caso que los Estados Unidos hubieran intervenido militarmente para sacar la dictadura, lo hubiéramos apoyado. ¡No! Y que usen peine fino. Nunca lo hubiéramos admitido. Apoyo y presión internacional sí, intervención militar perdiendo la soberanía nunca. Ahí está la diferencia. Ahí es donde vuelven, una y otra vez, a mandar a fusilar al general Leandro Gómez.
(Texto: Andrés Bertererreche)