La Comisión de Género, que desde su creación y hasta el año pasado fue presidida por la compañera Patricia González, ha sostenido una convicción clara: el feminismo no puede ser un agregado ni un movimiento paralelo a lo que sucede en el Frente Amplio. Debe entenderse como una clave para la lectura del poder, de la democracia, de la economía. Por lo tanto, no puede quedar supeditada al clima político ni a los réditos electorales del momento, sino orientarse hacia un horizonte más profundo que es el de la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
¿Cuáles fueron las prioridades que identificaste al asumir y qué líneas de trabajo se han impulsado desde entonces?
Fortalecer el espacio y profundizar las líneas que ya venían desarrollándose, pero poniendo el acento en dos dimensiones estratégicas: el territorio y el vínculo con las organizaciones sociales.
En este tiempo conformamos un nuevo equipo de gestión junto a Carmen Beramendi, Natalia Argenzio, Florencia López, Ximena Giani y Florencia Machado, con el objetivo de darle operatividad a la tarea cotidiana de la Comisión, que viene siendo sostenida con un firme compromiso por compañeras a lo largo y ancho de todo el país. Del intercambio colectivo hemos entendido que una de las principales prioridades es la de relevar y actualizar los datos de todas las comisiones de género existentes en el Frente Amplio, y generar un espacio de intercambio sistematizado. Otra de las prioridades es continuar afianzando la legitimidad en todos los niveles de la fuerza política. Además de existir, la Comisión debe incidir.
Con las compañeras elaboramos un Plan Estratégico 2026 que contiene objetivos concretos como promover un Encuentro Nacional de Comisiones de Género; generar espacios de sensibilización y formación política feminista tanto para la militancia como para quienes hoy nos representan en el gobierno; aportar a la transformación de las prácticas internas y las estructuras de poder, sostener un vínculo permanente y constructivo con los movimientos feministas y actores sociales, fortalecer la unidad feminista dentro del Frente Amplio. También estamos trabajando en una agenda política propositiva para abordar los temas que le interesan a toda la sociedad desde una perspectiva de género.
¿Cuáles consideras que son hoy los principales desafíos del FA en materia de género?
El principal desafío es asumir que la desigualdad de género atraviesa las diferentes dimensiones de la vida de las mujeres. La distribución del ingreso, el acceso al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación. Y comprender también que las brechas salariales persisten, la división sexual del trabajo sigue operando con crudeza, y la sobrecarga de cuidados limita la autonomía económica y política de las mujeres en nuestro país. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que entre 2018 y 2024 los hombres ganan, en promedio, un 27 % más que las mujeres en el mercado laboral uruguayo. Es decir, por cada $100 que gana un hombre, una mujer gana aproximadamente $73.
Además, me parece necesario que hablemos de la violencia política hacia las mujeres, que sepamos que existe y que erosiona la democracia. Por eso estamos además acompañando el proceso de readecuación del protocolo de actuación política frente a situaciones de violencia basada en género aprobado en 2020.
¿Cómo articula la Comisión con organizaciones feministas y sociales por fuera de la estructura partidaria?
De manera estrecha y permanente. Sin el movimiento feminista no hay agenda feminista posible. La Comisión dialoga, escucha, articula junto a los movimientos sociales. El propio Encuentro de Feminismos fue concebido como un proceso abierto, de intercambio amplio y diverso. Hubo representación afrodescendiente, transfeminista, compañeras de frontera y rurales, militantes territoriales y sindicales. Una diversidad que define prioridades con perspectiva interseccional.
En violencia de género, en cuidados, en justicia ambiental, en lucha antirracista, la Comisión recoge insumos y construye posición política en diálogo con quienes están en el territorio todos los días.
La izquierda se caracteriza por su sensibilidad hacia la desigualdad de género, pero las estructuras internas siguen siendo, a menudo, verticalistas y masculinizadas. ¿Qué reflexión te merece?
Me da esperanzas el camino que viene haciendo el Frente Amplio en la agenda de derechos. Que en el Congreso nos hayamos definido como una fuerza antipatriarcal y antirracista no es un gesto menor, sino que responde a una toma de posición política clara frente a las desigualdades que atraviesan nuestra sociedad y frente a lo que ocurre en el país y en el mundo.
Desde la Comisión entendemos que todavía persisten lógicas verticales y concentraciones de poder al interior de nuestra fuerza política. Por eso es imprescindible abrir una conversación honesta sobre las masculinidades y los privilegios históricos. Para que la paridad sea real, es necesario comprender que no se trata de ceder lugares, sino de democratizar el poder.
Estamos impulsando espacios de sensibilización y formación para la deconstrucción de lógicas patriarcales sobre las que se sostienen las inequidades de poder. Estamos construyendo caminos para elaborar colectivamente guías con el objetivo de que los comités de base integren la perspectiva de género en su funcionamiento cotidiano y, a su vez, estamos promoviendo el debate sobre una paridad sustantiva, que vaya más allá de lo formal. Porque transformar la política también implica transformar la manera en que nos organizamos y ejercemos el liderazgo.
Se suele criticar que el feminismo frenteamplista queda encerrado en la institucionalidad o en Montevideo. ¿Qué estrategias están implementando para dialogar con mujeres del interior y de la periferia?
Uno de los ejes centrales del plan anual de la comisión es la descentralización: encuentros regionales de feminismos y fortalecimiento de comisiones departamentales. En este sentido estaremos convocando a una primera reunión de comisiones de género a nivel nacional que nos permita ordenarnos y empezar a andar, con el objetivo de que el espacio pueda sistematizarse a futuro.
Hay datos que revelan que la precariedad económica y las violencias golpean con más fuerza en la periferia y en el interior profundo. Esto nos exige acercarnos no solamente para escuchar las inquietudes y las preocupaciones de las compañeras de las distintas regiones del país, sino para pensar en conjunto nuevas oportunidades, para diseñar recorridos que colaboren en el fortalecimiento de la red.
El FA ha enfrentado denuncias de violencia de género en sus filas. ¿Es suficiente el protocolo actual?
Lo importante de los protocolos de actuación es generar rutas cuidadas de acción ante determinadas situaciones. No creo que ningún protocolo sea suficiente por sí sólo si no hay entornos que acompañen. En este momento estamos retomando el trabajo articulado de reajuste del protocolo de conducta política para situaciones de violencia basada en género aprobado en 2020. El foco está puesto en generar espacios y procedimientos seguros para que estas situaciones transcurran con las mayores garantías.
¿Qué rol le asignás a los varones del Frente Amplio en esta nueva etapa?
Yo creo que un verdadero cambio cultural requiere del compromiso de todos y todas. Es necesario trabajar colectivamente en la redistribución de tareas de cuidado y de uso del tiempo, poner sobre la mesa la inequidad en la distribución del poder y las brechas salariales. Entendemos que quienes ocupan espacios de toma de decisiones deben poder mirar la realidad con perspectiva de género.
¿Creés que el progresismo aún tiene deudas pendientes con las mujeres?
Sí. Hemos avanzado en derechos por ejemplo a través de ciertos hitos legislativos como lo son la ley de interrupción voluntaria del embarazo y la ley integral contra la violencia basada en género. Pero las desigualdades estructurales persisten. No se han revertido.
Todavía vemos que la autonomía económica sigue condicionada por la división sexual del trabajo; que las mujeres afrodescendientes, rurales, migrantes enfrentan brechas más profundas, y que la violencia política continúa siendo una barrera real. Yo creo que sí hay deuda, que no invalida las conquistas alcanzadas, pero que nos obliga a no conformarnos con lo que hay.