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Política economía | ministro | Oddone

¿se sabe a dónde vamos?

La gente esta inquieta y los mercados también: el humor en los tiempos de cólera

Para la mayoría de la gente la tarea de un ministro de Economía es administrar los recursos para que el Estado funcione y cumpla con las promesas que se hicieron en campaña para ganar las elecciones.

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Para la mayoría de la gente, en la que me incluyo, la tarea de un ministro de Economía es administrar los recursos para que el Estado funcione y para cumplir con los objetivos y las promesas que se hicieron con el propósito de obtener la cantidad de votos que se necesitaron para ganar. Esta es una regla de responsabilidad democrática. No se puede prometer lo que no se podrá cumplir ni se deben ignorar las demandas de las mayorías que sufragaron en las elecciones.

Esto no excluye los buenos modales, el respeto a la oposición y el propósito de gobernar para el bien del país y de todos los uruguayos, hayan o no emitido su voto por el que resultó ganador.

Los recursos siempre son escasos, por lo que, dentro de los parámetros más o menos normales, la ausencia de recursos abundantes no debería ser excusa para fracasar en su principal propósito.

El economista Gabriel Oddone no es una excepción a esta regla porque no ignora las aspiraciones de la fuerza política que lo llevó al ministerio en donde se siente tan a gusto, conocía más o menos los “clavos” que le iba a dejar el gobierno anterior y observaba el desfavorable contexto internacional iniciado por el enfrentamiento bélico en Ucrania que comenzó en 2022, casi tres años antes de asumir como ministro y que resultaba un indicio suficientemente contundente como para imaginar un contexto internacional más que desfavorable.

Se presumía varios meses antes de que la candidatura de Yamandú Orsi ganara las elecciones que Gabriel Oddone sería el ministro de Economía del gobierno del Frente Amplio. Oddone se preparó para serlo, conocía su programa, tenía una visión aproximada de la realidad que se iba a encontrar al llegar al Gobierno y lo precedía una calificación académica y profesional que lo volvían muy idóneo para desempeñarse en tan compleja y exigente tarea. Desde que asumiera como ministro, han pasado apenas 15 meses y me temo que también reflexiones que puede estar golpeando más a la herradura que al clavo.

¿Cómo viene la gestión de economía?

Si bien no es la oportunidad de hacer un balance de su gestión, hay suficientes claves para hacerse un juicio, máxime que nos anuncia un presupuesto tirando a cero y que hace uso de su autoridad y de su derecho a la opinión para relativizar cualquier iniciativa que tenga un costo mayor que cero, incluso la que surge de su propio gobierno.

Como se imaginan los lectores, no ignoro la autoridad intelectual del ministro ni su solvencia profesional o sus méritos, creo sinceramente en su buena fe y deseo que a él, al Frente Amplio y al Gobierno les vaya bien. Tengo 80 años y desde que entré al liceo en el año 1958, cuando conquistamos la Ley Orgánica de la Universidad, aspiro y lucho por un gobierno popular, antioligárquico y antiimperialista.

No tengo la certeza de vivir otro gobierno del Frente Amplio, por lo tanto no deseo otra cosa que disfrutar y no sufrir en esta inmejorable oportunidad que logramos con Yamandú luego de cinco años en que sufrimos un deplorable gobierno herrerista cuyas consecuencias aún no hemos evaluado suficientemente.

Los números del primer año no lo favorecen a Oddone, a excepción de los éxitos en la contención de la inflación, un pequeño crecimiento del salario real y la estabilidad del empleo. El déficit fiscal es más o menos el mismo, la deuda externa crece, la pobreza está estancada en cifras más o menos iguales, y en lo que se refiere a la pobreza infantil, estamos con cifras muy malas… horribles.

Vamos a ver en qué queda de lo del salario real una vez que la inflación vuelva al 4,5 % que procura estabilizar el presidente del Banco Central. Las demás cifras son “pálidas”, particularmente sus estimaciones de crecimiento de la economía que, siendo muy magras, son las que le provocan dolores de cabeza y le llevan a hablar un poquito de más.

No sabemos si son las antedichas sobreestimaciones del crecimiento de la economía o la locuacidad del ministro o la astucia de lo periodistas por acercarle un micrófono lo que comienza a generar un cierto malestar en los “mercados” que Oddone percibe como un malhumor, cierta incertidumbre o resentimiento, o una suerte de incomodidad que estaría comprometiendo decisiones empresariales o postergando ciertas expectativas de inversiones.

Es sabido que la culpa es escurridiza, y como Oddone percibe que el clima de negocios se enrarece y hay cierta inquietud en los inversores, es conveniente atribuir la culpa a otros, sean los comunistas, el PIT-CNT o, menos particularmente, al proyecto de poner el 1 % de impuesto a los más ricos, el bolazo de que se quieren estatizar las AFAP o las acusaciones escandalosas e irresponsables de la oposición y ciertos sectores empresariales de que el equipo económico tiene la intención de tirar la casa por la ventana arriesgando la responsabilidad fiscal, los números de la macroeconomía, la seguridad jurídica, las notas de las calificadoras de riesgo y el crédito necesario para honrar las amortizaciones y los intereses de la deuda externa.

¿Se terminó el amor?

La verdad es que Gabriel Oddone tenía hasta ahora “el plácet” de las corporaciones empresariales, de los operadores financieros internacionales y del establishment del llamado “Hemisferio occidental”, por lo que semejante embestida lo debe haber tomado por sorpresa, máxime que hasta ahora no parecían preocuparle las encuestas de opinión y particularmente la opinión de los frenteamplistas, mientras ponía mayor atención los humores del mercado.

Su pasado de consultor, de grandes empresas nacionales e internacionales y socio de una de las consultoras más influyentes del Uruguay le fortalecían la espalda para manejarse en un gobierno que se presume de izquierda o centroizquierda, según el gusto del consumidor y despierta suspicacias en los más poderosos..

Acostumbrado a patear penales sin golero, la aprobación de la Rendición de Cuentas y del Presupuesto Quinquenal sin mayoría parlamentaria tal vez le dejaron la impresión de que el guardameta estaba adelantado y que podía patear desde el medio de la cancha.

Las últimas declaraciones del ministro de Economía Gabriel Oddone constituyen el inicio de un adagio que parecería presagiar la tormenta que se nos puede venir.

El allegro claramente concluyó, como lo muestran crudamente las encuestas de opinión pública, que ni el más avezado cuentista político logra suavizar.

Como lo percibe cualquier observador bien informado, y por supuesto Fernando Pereira y el Pacha Sánchez, el horno no está para bollos. El Gobierno pierde popularidad entre sus votantes que, confundidos por los mensajes que emanan de las alturas, les cuesta navegar literalmente en el barro en que transcurre la existencia de un creciente número de uruguayos.

Como cualquiera podría imaginar, a los contrarios tampoco el Gobierno les resulta simpático, más allá del buen talante tolerante y negociador del presidente. La oposición se comporta como implacable e intratable aunque el presidente se prodigue en mimarlos.

Las perspectivas presupuestarias no parecen ser para entusiasmar y el ministro nos augura un futuro próximo en donde daremos brazadas en lo que Oddone señala como “una piscina con dulce de leche”. A cualquier ministro de Economía le gustaría manejar la caja cuando el viento sopla de cola, pero el contexto actual en donde el viento no nos favorece puede ser un problema pero no una excusa porque, según dijera Oddone en sus primeras declaraciones, las situación es “manejable”.

Oddone parece muy explícito cuando nos recuerda que a los inversores hay que darles lo que sea, pero las propias cámaras empresariales llaman la atención y hasta protestan sobre que las renuncias impositivas llegan a los más poderosos y no a los que más las necesitan.

Aunque las autoridades del Ministerio de Economía lo perciban así, no es el temor a los impuestos a los más ricos lo que genera malestar o el malhumor que incomoda las expectativas de negocios. Lo que les genera malestar a las grandes corporaciones empresariales y a los presuntos inversores es que los trabajadores tengan derechos, los reclamen, exijan mejores condiciones de vida y procuren reducir el lucro en la seguridad social. Y eso va a seguir siendo así y hay que procurar satisfacerlas cuanto antes se pueda independiente de que se espere una oportunidad mejor que probablemente nunca llegará.

Muy probablemente, y lo confirman algunas encuestas, el 60 % de los uruguayos cree que hay que abatir la pobreza infantil y están dispuestos a hacer sacrificios impositivos con este propósito. Por lo tanto, no debería preocuparse tanto el ministro por lo que piensen los “super” ricos, porque ellos son una minoría que además, si se consideran comprometidos con el país generoso en que les tocó vivir, no deberían poner reparos si el impuesto del 1 % a los más ricos se imponen para una finalidad tan altruista, justa y necesaria como sería abatir la pobreza infantil.

El ministro de Economía busca culpables por todos lados para explicar que el crecimiento que había prometido en el presupuesto quedó en la bolsita de los recuerdos. Tal vez no fue culpa de nadie y solamente se trata de un error de estimación que, aunque parecía sobrestimado, fue compartido por otros.

Tal vez lo que genera malestar en los mercados es que Oddone quiera quedar bien con Dios y con el Diablo, que esté más preocupado por lo que opinan de nosotros las calificadoras de crédito, las AFAPs o el Gobierno de Trump que del malestar que hay en muchísimos votantes que lo llevaron al Ministerio de Economía y que esperan que diga qué es lo que va a hacer para reducir la pobreza y la desigualdad significativamente en estos tres años y medio que nos quedan antes de que la fábula de la alternancia nos haga caer en la trampa en la que nos quieren hacer caer Sanguinetti y la benemérita “institucionalidad”.

Los mercados están preocupados porque la inquietud en las bases del Frente Amplio hace más débil al Gobierno y Oddone ha adquirido una autoridad que ejerce por declaraciones en los medios que pretenden ser un sosegate a los propios pares en el gabinete.

Recién iniciado el gobierno, el Dr. Jorge Díaz intentó abrir una ventana para que entrara aire en la discusión presupuestal, hablando de la “Ferrari chocada”. Pero fue rápidamente desautorizado por el ministro diciendo que no era tan así y la situación era “manejable”.

No fue la única vez, ya que meses después Oddone contradijo a Jorge Díaz por el tema de Cardama, que involucra a la cartera de Defensa y no a la de Economía.

Después fue un “tate quieto” a Juan Castillo y palo va o palo viene va repartiendo a todo el elenco ministerial.

Estos desbordes de Oddone en las competencias de otras autoridades del Ejecutivo han resultado de hecho en la construcción de la imagen del “superministro” al cual hay que consultarle todo antes de siquiera esbozar una idea en público como ya sintió en carne propia la semana pasada Carolina Cosse que, por otra parte, es vicepresidente de la República y presidente de la Asamblea General y del Senado de la República, ámbito en el que el ministro de Economía no se debería meter.

Lo cierto es que Oddone fue advertido tiempo atrás, particularmente desde estas páginas, de que el curso de política económica arriesgaba colocar a la economía en recesión y que lo peor que podría ocurrir si se quiere mejorar la situación fiscal es que la economía se estanque.

En ese sentido, aunque más no sea para recordar espantos que previo a la crisis de 2002 el tándem Batlle-Bensión había sujetado a los uruguayos a sucesivos ajustes fiscales, que resultaron inútiles y terminaron profundizando una crisis con consecuencias nefastas que nos dejaron mucho más pobres.

El Ec. Jorge Caumont, cuyas convicciones económicas no comparto ni por asomo, nos llama la atención esta semana en el diario El País de que los intereses que paga el BCU por su deuda en Letras de Regulación Monetaria están haciendo de la deuda pública en pesos un globo que con estas tasas mediocres de crecimiento nos lleva inexorablemente a un territorio de fragilidad financiera peligrosísimo.

Oddone podría haber elegido anclarse a esa amplia biblioteca en economía que aboga por las políticas de crecimiento, y que no por casualidad son las más habituales en gobiernos que se consideran de “izquierda”. También eran las que promovía Pepe Mujica, particularmente en los últimos años antes de su tremendamente lamentable fallecimiento.

Stiglitz, Premio Nobel de Economía, escribió exhaustivamente sobre las trampas de las políticas de austeridad. Colegas suyos como Dani Rodrik siguen hasta el día de hoy enfatizando la importancia de las política industriales para fomentar el desarrollo y el crecimiento.

Pero no parece haber elegido la ruta del ajuste, la restricción y el endeudamiento circular que por suerte va a ser resistida por las organizaciones sociales y el propio Frente Amplio que quiere y reclama políticas industriales, desarrollo, asistencia social a los más postergados, más inversión pública, mejor seguridad social, más apoyo a la pequeña y mediana empresa, un mejor sistema de salud y más recursos para la educación y la seguridad.

Gabriel Oddone tiene su oportunidad. Hay que escuchar más la voz del pueblo y menos la de los poderosos. Hay que tenerle menos miedo a las demandas de la gente que a las amenazas o las advertencias de la Embajada de Estados Unidos, las calificadoras de crédito y las voces más confrontativas de la oposición.

Nadie le pide a Gabriel que sea como Astori, pero no es una buena opción acurrucarse en un rincón de la economía y pretender salir de allí tirando trompadas al aire a sus colegas en el gabinete, a la vicepresidenta o a los representantes del sistema sindical y hasta a las cámaras empresariales que eran las que más confiaban en él.

Al menos debiera decirnos qué vamos a hacer, qué resultados podemos esperar y a dónde vamos, porque si no se puede saber a dónde vamos, cualquier camino es bueno.