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Rendición de Cuentas 2025: entre la prudencia fiscal y las tensiones por el gasto

Desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se ha instalado un enfoque de “precaución”, que podría traducirse en una rendición de cuentas con “gasto cero”.

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El Poder Ejecutivo se prepara para enviar al Parlamento la Rendición de Cuentas 2025 antes del 30 de junio de 2026, en un contexto económico desafiante que obliga a tomar decisiones con alto grado de cautela. Bajo la conducción del ministro de Economía, Gabriel Oddone, el equipo económico enfrenta un escenario marcado por la desaceleración del crecimiento con proyecciones en torno al 1,6% para 2026 y crecientes restricciones fiscales que limitan el margen de maniobra del gobierno.

En este marco, la señal predominante es de prudencia. Desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se ha instalado un enfoque de “precaución”, que podría traducirse en una rendición de cuentas con “gasto cero” o con incrementos muy acotados del gasto público. La prioridad es evitar un deterioro de las cuentas fiscales y preservar la credibilidad macroeconómica, en un contexto donde los equilibrios financieros son especialmente sensibles a shocks externos e internos.

La Rendición de Cuentas no es solo un ejercicio contable: es una herramienta central de política económica. A través de este instrumento, el gobierno no solo informa sobre la ejecución presupuestal, sino que también puede realizar reasignaciones de recursos, ajustar programas y, en algunos casos, introducir modificaciones normativas. En este caso, se trata además de la primera rendición en el marco del Presupuesto Nacional 2025-2030, lo que la convierte en una instancia clave para calibrar la estrategia fiscal del nuevo período.

Sin embargo, la restricción fiscal no implica ausencia de prioridades. El gobierno ha señalado su intención de mantener el foco en áreas estratégicas como la atracción de inversiones y la atención a la infancia, dos ejes considerados fundamentales para sostener el crecimiento y mejorar la equidad en el mediano plazo. El desafío será compatibilizar estos objetivos con un escenario de recursos limitados, donde cada decisión de gasto implica necesariamente una renuncia o postergación en otro frente.

Desde el plano político, la discusión ya comienza a tomar forma. El Frente Amplio ha puesto la mirada en esta rendición como una oportunidad para revisar la asignación de recursos y corregir lo que considera limitaciones del presupuesto inicial. La tensión entre disciplina fiscal y demandas de mayor gasto social promete ser uno de los ejes centrales del debate parlamentario en los próximos meses.

La Rendición de Cuentas 2025 se presenta como una prueba de equilibrio para la política económica uruguaya. En un contexto de menor dinamismo económico y restricciones fiscales, el gobierno deberá combinar prudencia y capacidad de priorización, mientras el sistema político debate el rumbo del gasto público. Más allá de los números, lo que está en juego es la capacidad de sostener la estabilidad macroeconómica sin descuidar las necesidades sociales y las bases del crecimiento futuro.

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