“Yo fui de la última generación de la “política de los doctores”, con Luis Alberto Lacalle Herrera, Jorge Batlle y Tabaré Vázquez. Éramos explicadores que intentábamos convencer a través de una explicación racional. Hoy estamos en un tiempo de comunicadores, que es distinto”.
“No es ni mejor ni peor, es distinto. No digo que lo nuestro fuera mejor porque citar a Aristóteles no nos da más prestigio. Simplemente han cambiado los códigos. En una época apresurada, en la cual hay un combate entre la simple noticia y la real información, el político tiene que instalarse en un medio muy difícil”, agregó.
La figura de Yamandú Orsi
Fiel a su estilo de hablar bien de los presidentes, dijo que a Yamandú Orsi lo ve “como un buen presidente democrático”.
“Es cierto que vemos a un Orsi demasiado parsimonioso frente al vértigo al cual estábamos acostumbrados. Orsi es respetuoso, prudente y sabe lo que es la administración tras 10 años en Canelones; sabe lo que es un déficit”, indicó, pero separó al presidente del gobierno del Frente Amplio.
“Los problemas serios empiezan en un Frente Amplio que es “Pit-Cnt dependiente”. Le cuesta asumir que, así como hay un sindicalismo normal que negocia, hay un sindicalismo suicida que no negocia -como en el puerto- o un sindicalismo conservador como el de Fenapes, que se opone a todo cambio que signifique modernización”.
“A su vez, hay grupos no democráticos que hackean al gobierno, sobre todo en política exterior. Es muy triste ver que se defienda al gobierno venezolano o a Hamás en Montevideo. He visto movimientos feministas defender a Hamás, que condenaría a esas mismas mujeres a la peor de las degradaciones. Esas contradicciones generan vacilaciones en materia internacional”, añadió.
Sanguinetti y el golpe de Estado
No podía dejar afuera el pasado y se refirió al golpe de Estado y al rol de los tupamaros.
“Vivimos la etapa dramática de la violencia política, que comenzó en los años 60 y que es una secuencia que nos lleva inevitablemente al golpe de Estado. Hoy la historiografía contemporánea ha exculpado, por razones que puedo entender, la responsabilidad del movimiento tupamaro en haber traído la violencia política al país. No es la única causa del golpe, pero sin la violencia tupamara no habría golpe de Estado en Uruguay. El Ejército no había salido de los cuarteles desde 1904 y un golpe de Estado militar no había ocurrido hacía 150 años. Todo eso uno lo ha vivido en carne propia”, observó.
Recordó además que “los años 60 y 70 fueron tremendos”. “Yo le decía a un colega: si hoy se pelean los diputados a trompadas en el Palacio Legislativo, poco menos que se paraliza el país por el escándalo. En mi época nos agarrábamos a trompadas a cada rato. No me enorgullezco de recordarlo hoy, pero tampoco me avergüenzo, porque eran sencillamente los códigos de la época. La política era muy apasionada en lo personal”.