Además, piden que "el Ministerio de Ambiente no habilite el inicio de las actividades hasta que la justicia se expida por la nulidad de los contratos firmados por ANCAP".
En la antesala de la marcha en la capital, este domingo se desarrollaron manifestaciones en distintos puntos de la costa uruguaya, desde Carmelo, en Colonia, hasta Valizas, en Rocha, como expresión de una protesta que se extiende a nivel territorial y que vuelve a poner en debate el modelo de desarrollo y el uso del mar.
Movilización y fundamentos
La movilización partirá a las 16 horas desde la plaza Independencia y se dirigirá hacia el puerto de Montevideo, con el objetivo de visibilizar el rechazo a las actividades extractivas en el mar.
Durante una entrevista concedida al Portal de APU, Déborah Díaz, una de las voceras de la Asamblea Mar Libre de Petroleras Uruguay, explicó los motivos del rechazo a las exploraciones sísmicas en aguas nacionales y advirtió sobre los impactos ambientales, productivos y jurídicos que, a su entender, implica el avance de estos proyectos.
Consultada sobre el significado de habilitar exploraciones sísmicas en el actual contexto global, Díaz sostuvo que el colectivo se opone de plano a la iniciativa. Explicó que lo que se denomina “prospección sísmica” supone el uso de buques de gran porte que emiten explosiones "de entre 200 y 230 decibeles que penetran el lecho marino para ver si hay petróleo o gas", una práctica que consideró incompatible con los compromisos ambientales del país. En tal sentido, afirmó que "es un sinsentido seguir apostando a los combustibles fósiles en plena crisis climática".
Sobre los motivos por los que no se debería concebir al óceano como un simple territorio a explorar, sostuvo que se trata de "un ecosistema vivo" del que dependen tanto la biodiversidad como actividades económicas clave. "La fauna marina (ballenas, delfines, tortugas) depende del sonido para comunicarse, alimentarse y reproducirse. El sonido en el agua viaja mucho más que en la tierra; estas bombas son ensordecedoras y afectan las rutas migratorias y la supervivencia de las especies. No es solo un espacio geográfico, es la base de la biodiversidad y de actividades como el turismo y la pesca".
Díaz también se refirió específicamente al efecto del ruido submarino sobre la fauna marina, un aspecto que, según indicó, suele minimizarse por no ser perceptible desde la superficie. Detalló que para muchas especies el sonido cumple una función vital, por lo que las explosiones constantes generan desorientación y daños físicos. En ese marco, afirmó que “para los animales comerciales y los que no lo son, como pingüinos y lobos marinos, es un trauma constante que destruye su equilibrio ecológico”.
Con respecto a la responsabilidad del Estado ante los posibles impactos ambientales, Díaz expresó: "El Estado tiene la responsabilidad de aplicar el principio de precaución. Si hay riesgo de daño grave o irreversible, la actividad no debería habilitarse. El Ministerio de Ambiente les pide planes de gestión, lo que demuestra que saben que el impacto existe, pero están priorizando un modelo extractivista. Defender el mar hoy es la única forma de garantizar el futuro de las próximas generaciones".