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Sociedad 25N | violencia |

Género

25N, contra la violencia de género: es hora de actuar

Cada 25N se conmemora en Latinoamérica el Día internacional de eliminación de la violencia contra las mujeres. Podemos (deberíamos) actuar.

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25N. La eliminación de la violencia contra las mujeres depende de todas las personas. Las estructuras tácitas del mundo en que vivimos nos fueron dadas, las aprendimos y aprehendimos, y a veces parece que es imposible desde las voluntades individuales luchar contra un monstruo que no tiene rostro. Pero al menos deberíamos intentarlo, ¿no?

El 25 de noviembre se conmemora en Latinoamérica el Día internacional de eliminación de la violencia contra las mujeres. La fecha fue elegida en honor a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres hermanas de República Dominicana que militaron contra la dictadura de Rafael Trujillo, quien en 1960 ordenó que las asesinaran.

La violencia contra las mujeres tiene muchas caras: física, económica, mediática, social, psicológica, pero va más allá de las acciones puntuales de ciertos individuos que ejercen esa violencia, y ciertamente excede los vínculos sexoafectivos o familiares.

¿Es justo que una persona gane menos que otra si hacen el mismo trabajo? Me atrevo a aventurar que la respuesta, para la mayoría, es no. Las mujeres ganan, en promedio, 6% menos que los hombres ejerciendo los mismos roles.

¿Es justo que dos personas con las mismas calificaciones se presenten a un llamado laboral y a una le pregunten si piensa tener hijos pero al otro no? Porque no importa si un hombre planea ser padre en el futuro, ni siquiera entra en el imaginario colectivo la idea de que eso podría afectar su desempeño o incluso llevarlo a renunciar para encargarse de la crianza.

¿Es justo que si una pareja convive y las dos personas tienen trabajos remunerados de tiempo completo, una sola de ellas se encargue de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos? ¿Y que tenga que pensar y estar pendiente constantemente de todos los pendientes?

Todos estos factores se interrelacionan. Las suposiciones y mandatos del rol de la mujer en la pareja, en el hogar y en la familia generan violencias y discriminaciones incluso antes de que esas circunstancias se presenten. Por eso va más allá de si la gente de nuestro entorno entiende que hay que cambiar las cosas, la batalla es cultural: hay que cambiar el imaginario social.

La eliminación de la violencia contra las mujeres es una lucha de largo aliento, una carrera de fondo que requiere militancia constante, discusiones, debates, información. Repensar cómo nos condicionaron y cómo nos relacionamos con eso a nivel consciente e inconsciente es arduo e incómodo. Por supuesto que es mucho más fácil seguir como venimos hasta ahora, pero no es justo.

No alcanza con decir que creemos que la igualdad es necesaria. Hay que tomar acción. A nivel individual, en nuestros espacios familiares e íntimos, en todos los círculos sociales. Hay que reconocer este problema y luchar de manera activa para cambiarlo. Solo de esa manera es posible soñar con un futuro mejor para todas y todos.

Los mandatos de género nos oprimen y afectan, y aunque las mujeres somos las que sufrimos de manera directa la violencia, los varones también están condicionados. La socialización desde la infancia en la violencia, el ataque, la confrontación; las expectativas de éxito, de tener muchas parejas sexuales, de proveer, de no llorar, no conectar con la emotividad y la sensibilidad que todas las personas tenemos, la hiperestimulación de la racionalidad son exigencias que afectan la vida de los niños, adolescentes y adultos.

Datos para comprender la realidad

En lo que va de 2022 ocurrieron 26 femicidios, y más de una decena de casos de asesinatos de mujeres todavía están bajo investigación. Las víctimas fueron mujeres, niñas y niños. Son más de dos femicidios por mes.

A nivel mundial cada once minutos un hombre mata a una mujer o a una niña.

En 2021 el servicio de orientación a mujeres en situación de violencia doméstica recibió 12.180 llamadas. Cada 14 minutos en Uruguay una mujer denuncia ser víctima de violencia basada en género.

Contra el orden establecido

Por supuesto que no estamos en terreno neutral, hay élites del poder económico, político y religioso que ven en la ilusión de equidad e igualdad la inminente destrucción de sus estructuras y valores.

El 25 de noviembre de 2021 publicamos en Caras y Caretas un artículo titulado Ultraderecha contra las mujeres, en el que tres politólogas de la región analizaron la constante violencia de género que ejercen los sectores de derecha y extrema derecha. Estos son algunos fragmentos. La nota completa está disponible en la web.

El embate de la ultraderecha en la región encontró a las mujeres y a las organizaciones feministas con varias victorias en los bolsillos. Desde finales del siglo XX y principios del siglo XXI, explica Mariana Berdondini, politóloga y doctora en Ciencia Política argentina, las mujeres estamos «potenciadas y con una serie de sustanciaciones en derechos».

En el mismo sentido se expresa Paulina Astroza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales chilena: «Es evidente que hay un avance tanto en los derechos de las mujeres como su espacio en la vida pública, en la vida laboral, en la vida social. No hay comparación de lo que ha ocurrido en décadas o siglos anteriores en ese sentido».

Sin embargo, todavía falta. Mucho. «Hay avance, pero también queda bastante por progresar en cuanto al trato a las mujeres, a la brecha salarial, a la violencia contra la mujer y al acceso a los cargos públicos, incluso a elementos culturales del trato que se le da a las personas; sigue habiendo mucho del tema de la estructura patriarcal», explica Astroza.

De acuerdo con una investigación colaborativa latinoamericana coordinada por OjoPúblico, desde hace más de una década «una serie de organizaciones realiza campañas en países de América Latina contra los derechos de personas homosexuales, mujeres y el enfoque de género en las políticas públicas».

En el estudio aseguran que estas agrupaciones «destacan por su agresividad y discurso de odio, y ejercen presión sobre gobiernos y legisladores para frenar el acceso a esos derechos o boicotear los que ya existen: como el aborto en casos de violación, el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género».

Al tiempo que las mujeres hemos logrado en las luchas «sustanciar un conjunto de derechos, cuestionar las desigualdades inscritas en el orden social y político, [generar] estructuras de oportunidad para la participación política y la toma de decisiones, aparece un discurso fuertemente ultraconservador, antigénero», en palabras de Berdondini.

En Uruguay la ultraderecha está representada, principalmente, por integrantes de Cabildo Abierto (CA), que izan las mismas banderas que los líderes hiperconservadores del continente: defensa de la «familia tradicional», valores cristianos, agenda antiderechos, discriminación de las disidencias.

El discurso ultraconservador, en palabras de la politóloga uruguaya Marcela Schenck en Fe en la Resistencia, «legitima las prácticas antidemocráticas». Ella pone como ejemplo el término “ideología de género”, que nació en el seno del feminismo como categoría de interpretación y fue reconvertido por la derecha y la ultraderecha conservadora con un cariz negativo.

La experta argentina asevera que el avance de las derechas, de la ultraderecha particularmente, «amenaza los derechos sexuales y reproductivos, el acceso a espacios de decisión política por parte de las mujeres, las oportunidades económicas, el trabajo digno, la no discriminación laboral».

Además, otras formas de violencia que se lograron instalar públicamente, y que fueron históricamente válidas, como las relacionadas a la brecha salarial, la sexualidad, el aborto, las tareas de cuidado, la violencia doméstica, laboral, la trata de personas, la cuota sindical, el matriomnio igualitario, la fertilidad asistida y la identidad de género «se han potenciado en el último tiempo en la región».

Astroza asegura que estos líderes de ultraderecha, o de derecha populista radical, como lo llama, lanzan su mensaje expresamente. «Está en la base de la ideología de la derecha populista radical. […] Hay una contrarrevolución ideológica muy importante».

Si sos víctima o conocés a alguien que es víctima de violencia basada en género, recordá estos números: 0800 4141 o *4141 desde el celular. En situaciones de emergencia llamá al 911. Línea Azul del INAU para denunciar violencia contra niñas, niños y adolescente: 0800 5050.

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