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Sociedad Uruguay | Instituto Pasteur | ciencia

Ciencia, tecnología y crecimiento económico

Batthyány: "Uruguay puede crecer mucho si pone plata donde hay que poner"

El doctor Carlos Batthyány, director ejecutivo del Instituto Pasteur, dialogó con Caras y Caretas sobre el crecimiento económico significativo que podría alcanzar Uruguay mediante una mayor inversión en ciencia, tecnología e innovación.

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Numerosos estudios realizados a lo largo de los años han demostrado que los países que invierten al menos el 2 % de su Producto Bruto Interno (PIB) en ciencia y tecnología, de manera sostenida durante al menos 20 a 30 años, logran duplicar su producto per cápita. Así lo destacó Batthyány: “Uruguay podría esperar un crecimiento económico muy significativo, en un periodo de 20 años de crecimiento, si realmente pusiera la plata donde hay que ponerla. Pero, como dice una vieja frase de Einstein ‘si hacemos siempre lo mismo no se puede esperar un resultado diferente’”.

En tal sentido, el académico remarcó que desde la salida de la democracia hasta la actualidad, la mayoría de los ministros de Economía se han preocupado por “tener los números macroeconómicos en orden”, algo que, citando al economista Ricardo Pascale, aseguró que “es necesario”. No obstante, opinó que “no es suficiente para desarrollarse y alcanzar a los países que tienen tasas de crecimiento que les permite hacer otras cosas”. “Los países que están a la cabeza del desarrollo nunca bajan de un 2 % en inversión en ciencia, tecnología e innovación para no atrasarse. Y los que los quieren alcanzar se van a tasas del 4,5 % de inversión en estas áreas. China, por ejemplo, hace muchos años que viene invirtiendo esa cifra y actualmente está alcanzando a EE. UU. Pone más patentes por 1000 habitantes que EE. UU., tiene más investigadores por 1000 habitantes y publica más papers por 1000 habitantes. No puede quedar ninguna duda, los economistas tienen muy claro donde se debe invertir. Y la inversión tiene que ser en la educación, en tener escuelas y liceos de tiempo completo e institutos de investigación y universidades fuertes. Luego, preocuparse por organizar y ponerle pienso al sistema para dejar que las cosas florezcan y podamos exportar conocimiento y no exportar científicos”.

Consultado por ejemplos concretos de países que lograron un impacto notable en la economía a través de la inversión en ciencia y tecnología, Batthyány destacó a Israel, Corea del Sur y China como “casos paradigmáticos”. Sobre Israel, remarcó que en 1984 tenía una inflación del 450 % y un PIB muy bajo que “no le daba para hacer nada” hasta que, a finales de los 80, con la llegada de científicos de la ex Unión Soviética, lanzó el programa Yozma, enfocándose en la educación y, especialmente, en ciencia, tecnología e innovación. Atraídos por su diáspora en EE. UU., lograron atraer capital extranjero y en 15 años duplicaron su PBI y mantuvieron un crecimiento sostenido. “Hoy, Israel invierte el 4,5 % de su PIB en estos sectores, con un 50 % de esa inversión proveniente del extranjero y el 82.5 % del total siendo capital privado”, subrayó el médico.

Con respecto a Corea del Sur, señaló que “le llevó un proceso más largo y meticuloso de 40 a 50 años”, pero remarcó que en la década de 1960 se ubicaba por debajo de Uruguay en términos de desarrollo y que actualmente es uno de los líderes mundiales en producción de conocimiento. Luego, mencionó el caso de China y destacó que, “a pesar de ser un país comunista, decidió competir bajo las reglas del capitalismo en el ámbito global, logrando un crecimiento y desarrollo significativos en ciencia y tecnología”.

Batthyány se mostró convencido de que la inversión en ciencia y tecnología es una forma de “evolucionar hacia una sociedad del conocimiento”, lo que, a la vez, lleva a “tener seres humanos más educados, más formados, más población con el bachillerato terminado y con formación terciaria o cuaternaria”. Siguiendo este razonamiento, el académico manifestó la importancia de ser conscientes de que el crecimiento económico también nos enfrenta al “aspecto más duro”, que es que “mucha gente que puede quedar en la vereda del camino, ya que la generación de conocimiento no es para todos”. En tal sentido, y citando a Pascale nuevamente, enfatizó en la necesidad de tener “un Estado que regule la distribución de la riqueza” porque, de lo contrario, “se transforma en un favorecer a los malla oro”.

¿Inversión récord o recortes?

Al evaluar la situación de Uruguay, y en contraposición con anuncios del Gobierno que ostentaron niveles récord de inversión en ciencia y tecnología, Batthyány fue crítico respecto a los niveles actuales de inversión en estas áreas y señaló que en la práctica “no se han ejecutado adecuadamente”. “Lo de la inversión récord no es cierto. Hubo intenciones, por ejemplo, se anunció el lanzamiento de programas de 10 millones por año, para armar propuestas en distintas ramas del conocimiento, pero no se han podido ejecutar. Es decir, una cosa es decir que voy a invertir diez millones y otra cosa es invertir los diez millones”. El jerarca sostuvo que al desglosar la rendición de cuentas se pueden observar los niveles de inversión con respecto a otros periodos y confirmar que “incluso hemos sufrido recortes muy significativos, con la pandemia de por medio”. “Cuando la ciencia más demostró que le podía servir al país, la respuesta fue recortes a los institutos de investigación y a la propia universidad. Pero no solo es práctica de este Gobierno, pasó desde la salida de la dictadura hasta ahora. Luego del primer gobierno de Sanguinetti los niveles de inversión en Uruguay en ciencia, tecnología e innovación pasaron al 0,5 %, y hay que mirar muy bien qué hay dentro de ese 0,5 % para no comerse la pastilla”.

El académico también mencionó que, a pesar del diálogo constante con el Gobierno, no ha habido una respuesta efectiva para aumentar el presupuesto del Instituto Pasteur. Señaló que el instituto tiene menos presupuesto ahora que al comienzo del actual quinquenio, lo que refleja una falta de compromiso con el desarrollo científico. “Nosotros [por el Instituto Pasteur] tenemos mucho diálogo con el Gobierno, ya que recibimos un subsidio del Estado, por lo cual tenemos un compromiso de gestión y debemos rendir cuentas cada tres meses. Pero más allá de ese diálogo, no hemos podido permear. Actualmente, el instituto tiene menos presupuesto que cuando empezó el quinquenio”.

Medidas para el despegue

Como estrategia para encaminarse hacia el crecimiento económico del país, Batthyány propuso reducir el presupuesto destinado a la defensa y redirigir esos recursos hacia la educación y la ciencia. Argumentó que, dado el tamaño y las capacidades defensivas limitadas de Uruguay, una mayor inversión en educación y ciencia generaría más beneficios a largo plazo. A su entender, esta reorientación podría mejorar la calidad de vida, incrementar la riqueza y fomentar una sociedad más culta y desarrollada. “Creo que nosotros obviamente no nos vamos a poder defender de ningún ataque por nuestro propio tamaño y por nuestro propio sistema de defensa. Sin embargo, actualmente estamos invirtiendo en defensa en el orden de 2,6 %. Entonces, la pregunta que hago es: ¿si nosotros seguimos invirtiendo 2,6 % el país va a cambiar en un plazo de diez años?, ¿vamos a tener más riqueza? Yo creo que no, que vamos a estar más o menos igual. Ahora, si se comienza a ir trasladando progresivamente ese presupuesto hacia un programa firme de educación inicial; de escuelas y liceos de tiempo completo, donde nuestros niños vuelvan a hacer deporte en las escuelas públicas y no tengan que ir a clubes privados; más recursos para institutos de investigación y universidades, y también para cultura y arte, que son las formas de expresión más refinadas del ser humano, ¿qué puede pasar en 10 o 15 años? Se puede esperar que el Uruguay genere riqueza. Y si a eso le sumamos un Estado presente, con capacidad de distribuir la riqueza, todo el país se vería beneficiado con más confort, mejor calidad de vida y una sociedad más culta”.

Además, Batthyány destacó la importancia de construir un ecosistema fructífero para la valorización del conocimiento científico, mediante la creación de empresas de base tecnológica. Indicó que, aunque Uruguay tiene una academia saturada con más del 90 % de sus científicos trabajando en el sector público, fomentar la creación de startups y empresas privadas podría generar empleo de calidad y retener talento en el país. "Si lo que queremos hacer como país es empezar a poner a la ciencia y el conocimiento como motor de un desarrollo sostenible y empezar a exportar conocimiento, que es lo que estoy convencido que debemos hacer, los académicos y científicos, nos tenemos que convencer de que no somos más que nadie, pero tampoco somos menos que nadie. Debemos saber que desde Uruguay también se puede hacer una revolución basada en el conocimiento. Nuestro trabajo no termina en la publicación científica, sino que es posible levantar la vista y tratar de que también impacte en la vida real. Los científicos tienen que trabajar guiados por la curiosidad, la vocación, la pasión, y por querer conocer cuáles son las bases fundamentales de los fenómenos, tanto biológicos como físicos, etc. Es decir, no se puede tratar de minimizar la ciencia simplemente al valor del mercado. Cada tanto los científicos encuentran que algo de lo hecho en el laboratorio puede ser útil en la sociedad y ahí empieza el proceso de valorización del conocimiento. Es necesario armar ecosistemas que sean fructíferos, que es la propuesta que hizo el Instituto Pasteur con un fondo de inversión de capital privado, que permite que los hallazgos sean analizados por un equipo multidisciplinario, con expertise internacional, donde involucramos mucho la diáspora uruguaya en el extranjero. A partir de ahí empieza un camino de crear una empresa de base científico tecnológica que empieza a generar empleos en el sector privado, lo que considero muy bueno. Los países que nosotros a veces miramos, tienen el 70 % u 80 % de los científicos trabajando en el sector privado. Nosotros tenemos más del 90 % trabajando en el sector público, en la academia, y la academia está recontra saturada. Entonces, empiezan a armarse esas empresitas y a partir de ahí, Uruguay podría, en vez de darle todas las exoneraciones tributarias que le damos a las grandes empresas como UPM, si Uruguay le diera exoneraciones tributarias a empresas de base científico tecnológica, se generaría mucho empleo de calidad y haría que esos científicos, que de otra manera se tendrían que estar yendo del país, puedan soñar con quedarse en el Uruguay. Una vez que el sistema está bien armado, se puede empezar a soñar no solo con repatriar a los científicos que se fueron, sino a importar científicos de la región. Argentina es una mina de oro de científicos, que se están yendo a EE. UU., ¿por qué no vienen a Uruguay? Porque no hay puestos de trabajo, porque es un país caro y porque los salarios de los científicos son malos. Esas son las cosas que deben cambiar”.

Hacia la revolución del conocimiento

El director ejecutivo del Instituto Pasteur enfatizó en la necesidad de que los políticos uruguayos desarrollen una estrategia clara para generar y distribuir riqueza en las próximas décadas, poniendo a la ciencia como motor del desarrollo sostenible. “Creo que un cambio paradigmático sería escuchar a los políticos hablar de cuál es la estrategia para generar riqueza en nuestro país, en las próximas tres décadas. Y por supuesto también cuál va a ser la estrategia para distribuir esa riqueza. Ese debería ser el centro del debate. Estoy convencido de que el siglo XXI es el siglo de la revolución del conocimiento y ahí la ciencia es la que va a mandar, tanto en las áreas en las que Uruguay se ha desarrollado muy bien, como el software, tecnologías de la información, comunicación y la Inteligencia Artificial, así como en las tecnologías aplicadas al área de la bibliotecología y las ciencias de la vida, que van a revolucionar el mundo”.

Batthyány también evaluó la situación actual del diálogo y colaboración entre el sector público y privado en Uruguay con respecto a la inversión en ciencia. Desde su experiencia en el Instituto Pasteur, afirmó que han logrado mantener un buen diálogo, lo que ha permitido la participación de personas comprometidas tanto de Uruguay como del extranjero. Sin embargo, observó que a nivel nacional aún falta mucho para consolidar un diálogo efectivo. “Para sentarse a dialogar hay que saber cuál es la agenda, cuáles son los temas, qué es lo que le vamos a ofrecer a los privados, qué es lo que los privados quieren y qué es lo que realmente estamos dispuestos a hacer. Hay que entender que el privado, cuando se trata de inversiones de riesgo, busca ayudar al desarrollo del país, pero también tiene que tener un retorno económico. Entonces, tenemos que ser lo suficientemente maduros, honestos y responsables de ir con alguna propuesta creíble y tener claro cuál es la evidencia empírica que existe a nivel mundial. Creo que faltan propuestas serias, bien pensadas y bien argumentadas”.

En cuanto a las áreas más prometedoras de la investigación y la ciencia para Uruguay, el académico mostró cautela al intentar predecir con precisión cuáles serán y recordó ejemplos históricos de avances científicos inesperados, como la edición génica y las vacunas basadas en RNA, para ilustrar la imprevisibilidad de las revoluciones tecnológicas. “No me animo a decir cuáles son las áreas más prometedoras, pero tengo claro que Uruguay tiene fortalezas en muchas áreas del conocimiento, como en las ciencias de la vida, que es un área muy grande que incluye a los animales, a los humanos y al ambiente. Uruguay está muy preparado para incursionar en varias áreas, en ingeniería, tecnología, software, información y comunicación ya ha demostrado todo su potencial. Lo que hay que hacer es apostar a los científicos, es decir, invertir en los científicos, educar a los niños, educar a los adolescentes y luego retribuir muy bien a los académicos que quieran dedicarse a crear conocimiento. No hay que dudar de que luego de veinte años de sembrar y sembrar, vamos a estar cosechando, multiplicado por muchos factores, la inversión que hicimos. ¿Quién se imaginaba que la revolución que hizo Uruguay en la matriz energética se iba a producir más rápido que en la propia Alemania? Nadie. Y realmente creo que eso es un orgullo que tenemos que sentir todos. Estoy seguro de que si invertimos en ciencia, tecnología e innovación, Uruguay va a generar revoluciones y va a quedar muy bien posicionado”.

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