"un ejemplo (...) es el concepto de patria. Pero a diferencia de otros conceptos abstractos, como el de tiempo histórico, el concepto de patria implica la imposición de rituales escolares que constituyen violencia institucional.
Esas prácticas implican colocar a niños y niñas a realizar acciones tales como desfilar frente a banderas, prometerle fidelidad al pabellón o entonar frases como “no reclamo más honor que morir por mi bandera”, sin tener noción del alcance simbólico de esas acciones y palabras.
Por lo tanto, imponer institucionalmente algo que a quienes está dirigido no pueden entender, es un claro ejercicio de violencia institucional.
Esta ATD exige la eliminación de la obligatoriedad de los actos protocolares en escuelas, así como el porte de banderas, la promesa y la entonación de canciones como “Mi bandera”.
La propuesta desató reacciones inmediatas, columnas de opinión en medios del interior del país. Una docente de Cerro Largo, Natalia Aquino, expresó con emoción su profunda preocupación. Describió los actos patrióticos como pilares fundamentales de formación cívica e identidad nacional:
“Son lazos tangibles que nos conectan con nuestra historia... eliminarlo es, en esencia, borrar un capítulo fundamental de su formación como ciudadanos conscientes”.
También advirtió, que desde su perspectiva, renunciar a estos rituales equivale a debilitar valores como el respeto, el sentido de pertenencia y el compromiso ciudadano.
Actos en discusión
La discusión también atraviesa un debate más amplio sobre cómo se abordan las efemérides escolares. Algunos especialistas advierten que si estos actos se limitan a rituales formales sin contexto crítico, pueden volverse irrelevantes. En cambio, se valora su transformación hacia celebraciones más reflexivas, inclusivas y críticas, que inviten a los estudiantes a interactuar con la historia desde la pregunta, no solo desde la repetición.
En Uruguay, la Promesa a la Bandera (19 de junio, natalicio de Artigas) y la Jura de la Bandera en Secundaria están respaldadas por disposiciones legales y forman parte del calendario oficial. Para sus defensores, constituyen hitos educativos que refuerzan valores como el respeto, la pertenencia y el compromiso ciudadano.
Sin embargo, la ATD de agosto abrió un debate de fondo: ¿estos actos son un espacio de construcción de identidad o rituales vacíos que necesitan ser revisados?