Promotores culturales de Jacinto Vera
Cuando terminar sexto también significa dejar el barrio
Hay un momento particularmente sensible para los niños de Jacinto Vera. Cuando terminan sexto año deben salir del barrio para continuar el ciclo básico, ya que allí no existe un liceo que ofrezca esos primeros años de enseñanza secundaria.Los grupos que compartieron toda la escuela se dispersan entre diferentes centros educativos y recién algunos vuelven años más tarde al Liceo Nº 26, que sí ofrece bachillerato.
El proyecto detectó allí algo que iba más allá de la trayectoria educativa: la pérdida de un espacio común.Por eso, uno de sus principales objetivos fue crear un lugar para que esos vínculos pudieran continuar, mientras los adolescentes construían una relación diferente con el lugar donde crecieron: conocer su historia, reconocer sus instituciones, apropiarse de sus espacios y empezar a pensar qué podían aportar ellos mismos a la comunidad.
La propuesta fue creciendo. Se incorporaron las escuelas Nº 11 y Nº 40, el Club Social y Deportivo Victoria, el Club Atlético Yale, el Espacio Cultural Jacinto Vera, el Liceo Nº 26, organizaciones y grupos de vecinos. El material elaborado para las recorridas reconoce precisamente a estas instituciones como parte de una experiencia construida colectivamente.
Niños y niñas participan en el descubrimiento del barrio Jacinto Vera
No hubo financiamiento gubernamental. Los materiales necesarios fueron aportados por las propias organizaciones y por vecinos que llevaron telas, cintas, palos o aquello que hiciera falta. “Fue financiado cien por ciento por la vecindad”, cuenta Grajales.
Tres rutas para descubrir dónde se vive
El 18 de junio llegó el momento de sacar el proyecto a la calle. Más de 100 alumnos de sexto año de las dos escuelas, acompañados por docentes, familias, practicantes y vecinos, se reunieron junto al Liceo Nº 26. Allí fueron divididos en grupos y comenzó una suerte de expedición urbana diseñada especialmente para ellos.
Había tres caminos: ruta roja, ruta verde y ruta azul. Los mapas convertían a Jacinto Vera en un territorio por descubrir. Cada recorrido proponía visitar distintos sitios representativos del barrio mediante pistas, historias, juegos y desafíos. Entre ellos aparecían el Club Victoria, el Club Yale, la Parroquia San Antonino, el Espacio Cultural Jacinto Vera, la Panadería Vidal, Requenazo, el Bar JV, murales y otros puntos de la memoria barrial. Las tres rutas comenzaban en el entorno del Liceo Nº 26 y terminaban en la Plaza del Obispado.
Pero la experiencia tuvo algo que difícilmente cabe en un mapa. El relato audiovisual realizado alrededor de aquella jornada describe niños caminando de institución en institución mientras se incorporaban vecinos, historias y personajes del barrio: el “glorioso Club Victoria”, el viejo mercadito convertido en Espacio Cultural, el Requenazo, la panadería, los boliches y los murales. En una esquina aparece incluso el recuerdo de dónde fue escrito el himno de Jacinto Vera.
Paseos guiados en el barrio Jacinto Vera
Padres y docentes participaron en los recorridos por Jacinto Vera
En otro punto aparecen los murales del Filtro y Rafael Lezama; más adelante, la memoria del último rancho de lata, testimonio de las familias trabajadoras que construyeron el barrio. Y finalmente, todos los caminos confluyen en la Plaza del Obispado para compartir una merienda.“Esos gurises y gurisas vieron latir su barrio como nunca”, dice el relato construido para registrar la experiencia.
De exploradores a promotores culturales
Aquella recorrida no era el final. Al terminar la jornada, cada uno de los niños recibió una invitación para continuar una formación como Promotor de Cultura Barrial. Unos quince aceptaron el desafío y durante cinco viernes consecutivos volvieron al Espacio Cultural Jacinto Vera. Allí trabajaron sobre participación y comunidad, herramientas lúdicas, identidad barrial, producción de actividades culturales y formas de comunicar sus propias propuestas.
La intención era sencilla pero profunda: que dejaran de ser solamente destinatarios de actividades organizadas por adultos y comenzaran a pensarse como personas capaces de proponer, organizar y producir cultura para otros.
El documento que orientó el proyecto planteaba precisamente estimular el protagonismo de esta nueva generación en la identificación de sus necesidades y en la construcción de propuestas vinculadas a la cultura, la expresión, la pertenencia y la identidad barrial.
Y algo de eso ya empezó a suceder. Los jóvenes promotores fueron convocados, por ejemplo, para participar en la organización de una actividad de Halloween prevista por el Club Victoria y el Espacio Cultural. En las reuniones, los adultos comenzaron a preguntarles qué querían hacer, qué ideas tenían y cómo imaginaban las actividades. Para Grajales, esa escena resume quizás mejor que cualquier definición el sentido del proyecto.
“Vos tenés que ver con el orgullo que ellos salieron de esa reunión donde los adultos les estaban preguntando a ellos, a los gurises, qué les parecía que había que hacer, qué ideas tenían”, relata.
Y entonces se emociona.
Porque detrás de una reunión organizativa aparentemente pequeña hay algo mucho mayor: adolescentes descubriendo que su opinión importa.
Instituciones y colectivos de Jacinto Vera apoyaron la propuesta
El 16 de octubre, una primera generación
El próximo 16 de octubre, la Plaza del Obispado volverá a reunir a la comunidad.Esta vez será para celebrar.
Los jóvenes que completaron el proceso recibirán sus certificados como Promotores de Cultura Barrial de Jacinto Vera, reconocidos por las instituciones que acompañaron la experiencia.No será solamente el cierre de seis encuentros. Será también una manera de que el barrio les diga públicamente que confía en ellos.
La intención es que el proyecto continúe durante 2027 y que quienes integraron esta primera generación puedan transformarse en referentes de los próximos grupos, siempre acompañados por los adultos y las organizaciones del territorio.
Hay algo particularmente valioso en esa apuesta.
En un tiempo en el que se habla con frecuencia de las adolescencias desde sus problemas, sus carencias o sus riesgos, en Jacinto Vera decidieron empezar desde otro lugar: preguntarles qué piensan, invitarlos a conocer de dónde vienen y confiarles una parte de lo que vendrá. El 16 de octubre habrá certificados, festejo y seguramente orgullo.Pero el verdadero resultado quizás ya pueda verse caminando por esas calles.
Un grupo de gurises ahora sabe dónde queda cada pedazo de la memoria de su barrio. Sabe quiénes estuvieron antes, qué instituciones sostienen la vida comunitaria y qué historias esconden las esquinas por las que pasan todos los días.
Y, sobre todo, empezó a descubrir que ellos también pueden escribir la próxima parte de esa historia.