Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Sociedad Venezuela | Leda Sánchez |

Con la directora del Observatorio Geofísico del uruguay

Leda Sánchez: "Uruguay debe invertir en gestión de riesgo frente a los problemas naturales"

La geóloga Leda Sánchez analizó el reciente terremoto en Venezuela y los factores que inciden en el nivel de catástrofe. Además, advirtió sobre el riesgo sísmico en Uruguay y la falta de normativa constructiva específica . "Los terremotos no matan, lo que matan son las estructuras ".

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

El reciente terremoto en Venezuela, con derrumbes que ocasionaron miles de muertes, volvió a instalar una pregunta que reaparece tras cada evento sísmico de magnitud: qué tan preparados están los países de la región para enfrentar este tipo de fenómenos. ¿Qué le pasaría si ocurre en Uruguay? Entre la incertidumbre pública, la circulación de teorías en redes y la lectura comparada con otros países, el debate se desplaza desde la geología a la gestión del riesgo y las condiciones estructurales de las ciudades.

En ese marco, Caras y Caretas dialogó con la geóloga uruguaya Leda Sánchez, docente de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar) y directora del Observatorio Geofísico del uruguay, quien explicó las causas del terremoto reciente en territorio venezolano, el comportamiento de las réplicas y los escenarios que pueden proyectarse en el corto y mediano plazo. Además, analizó los riesgos de actividad sísmica en Uruguay y advirtió la necesidad de fortalecer el monitoreo y la planificación sísmica en nuestro país, ya que, aunque suele considerarse de baja actividad sísmica, no está exento de riesgo.

¿Cómo se explica el fenómeno sísmico ocurrido días atrás en Venezuela? ¿Se trató de dos terremotos diferentes o de un terremoto seguido de su réplica?

Fue un doblete, es decir, dos sismos en la misma zona, uno de ellos de una magnitud de 7,2 y el otro de 7,5, con una diferencia de 38 o 39 segundos entre ambos. Es un evento sísmico que se da a lo largo de dos placas tectónicas [Placa del Caribe y Placa Sudamericana] de deslizamiento horizontal.

¿Qué tan excepcional es la aparición de este fenómeno?

Hay miles de terremotos por día. El doblete no es lo más común, pero tampoco el de Venezuela es el único caso. El de Turquía y el de México también fueron dobletes. No todos los terremotos son así, pero muchos tienen esta peculiaridad, que rompe de un lado y del otro lado de la falla o cercano un punto con el otro. Eso se sigue estudiando. Cuando vi las primeras imágenes del terremoto de Venezuela en los equipos que registraron el fenómeno parecía un solo evento, pero al analizarlos se observa que ocurrió uno después del otro. Hay registrados cerca de 50 dobletes sísmicos en distintas partes del mundo.

En relación con este evento en particular y con las réplicas, esta secuencia sísmica viene disminuyendo tanto en frecuencia como en intensidad, es decir, en la magnitud de los eventos que se van registrando. Los especialistas consideran que es una señal alentadora. Pero puede serlo o no, la tendencia puede cambiar. Hasta el momento se refieren a que se han registrado más de 300 réplicas en los primeros días y este proceso puede durar semanas o meses.

Después de un evento de estas características, ¿qué escenarios pueden proyectar los especialistas?

Las réplicas van a seguir ocurriendo y este proceso puede durar semanas o incluso meses. A medida que pasa el tiempo, suelen cumplir con una ley conocida como la ley de Omori: disminuye tanto la magnitud como la frecuencia de los eventos. Es decir, la tierra sigue temblando pero cada vez con menor intensidad y menor frecuencia; esto no significa que se vuelva a repetir un terremoto como el principal.

En relación con este evento en particular, y los eventos que se van registrando, esta secuencia sísmica viene disminuyendo tanto en frecuencia como en intensidad. Los especialistas consideran que es una señal alentadora. Pero puede serlo o no, la tendencia puede cambiar. Hasta el momento se refieren a que se han registrado más de 300 réplicas en los primeros días.

Los eventos de magnitudes superiores a 7, por lo que estuve leyendo, tienen un periodo de recurrencia estimado de entre 60 y 70 años. En Venezuela ya hubo otros terremotos, no de esta magnitud en particular, pero sí algo menores, de entre 6,9 y 7,3.

Existen mapas de sismicidad de Venezuela que muestran claramente que esta es una región de alta actividad sísmica. Hacía tiempo que no ocurría un terremoto de igual magnitud, pero la gente tiene memoria corta y se relaja, especialmente los gobiernos y los tomadores de decisiones.

Más allá de la magnitud, ¿de qué otros factores depende que un terremoto provoque catástrofe o pase casi inadvertido?

Una semana después de este evento, Venezuela sigue enfrentando una catástrofe natural de las mayores que sufrió en su historia. Sufrió daños muy importantes: hay un balance de casi 2.000 muertes, 10.500 heridos, y unas 15.000 personas desplazadas y, según cifras que reportó la ONU, se estiman que hay unas 68.000 personas desaparecidas.

Como ya se ha mencionado, la zona más afectada fue La Guaira, que es el principal puerto del país, donde han colapsado decenas de edificios. Eso nos obliga a abrir los ojos. Venezuela es un país sísmico que no estuvo atendido como debía; los edificios no deberían haber colapsado. Todas las regiones con fuerte actividad sísmica deben tener un cuidado particular con las normas constructivas. Al observar la forma en la que colapsaron los edificios, se puede asegurar que hubo una falla importante, como ocurrió en Turquía, un evento igualmente catastrófico en términos de pérdidas humanas. Esta zona de falla ha sido estudiada de distintas maneras, desde hace mucho tiempo. Justamente hoy un colega revisaba un trabajo de otro investigador que había realizado calicatas en depósitos aluviales, en segmentos más al sur de una falla llamada Boconó. Entre los hallazgos descritos en este trabajo se encontraron restos humanos en una de las grietas abiertas por un paleosismo, es decir, un sismo antiguo de más de 900 años, previo a la colonización española. El autor interpreta que esas estructuras actuaron como una trampa mortal para este individuo que fue hallado en ese lugar.

Esta sismicidad no es un dato nuevo. Cuando uno mira la noticia, la gente pregunta: “¿Y los terremotos que ocurrieron acá o allá están vinculados? ¿Está todo peor en el mundo?”. En realidad, lo que pasa es que las personas prestan más atención a los procesos de sismicidad después de estas catástrofes. Empiezan a buscar si un evento fue generado por otro, si el de tal lugar fue consecuencia del de Venezuela, y todas esas cosas.

¿Qué es lo que nos queda a nosotros? Como lo dicen todos los sismólogos, los terremotos no matan, matan las estructuras. No fue así en el caso de este joven que fue encontrado en la falla, hace más de 900 años, que tuvo la mala suerte de estar caminando cerca de la falla cuando ocurrió ese evento. Pero, en general, sabemos que lo que más mata son las estructuras que construye el ser humano. Somos nosotros quienes generamos los desastres. Todos los países tiemblan porque todos están sobre placas tectónicas, y esas placas se mueven. Tenemos regiones con mucha más sismicidad que otras, pero terremotos puede haber en cualquier parte. Por eso, aún sabiendo que el riesgo varía de un lugar a otro, siempre hay que estar preparados para este tipo de fenómeno.

¿Existe alguna forma de prever este tipo de eventos?

No hay forma. Sabemos que hay regiones donde tiembla mucho. Pensemos, por ejemplo, en Chile: allí se registran sismos todos los días. No son de gran magnitud, pero existe una sismicidad continua. Pero no se puede saber cuándo va a temblar ni dónde va a temblar. Sabemos cuáles son las regiones donde es más probable que ocurra, pero no el momento en el que va a suceder.

Estos días se ha hablado mucho, por ejemplo, de una alerta que dieron los teléfonos Android, que permitieron que muchas personas salgan de sus casas.

Sí, eso es real. Es más, cuando ocurrió el terremoto de Atlántida, acá en Uruguay, hubo gente que también se enteró por una alerta del celular.

Cada vez que ocurre un terremoto comienzan a circular teorías en los medios de comunicación o en redes sociales que sostienen que estos fenómenos pueden ser provocados artificialmente. Desde el conocimiento científico, ¿qué se responde al respecto?

Se dicen muchas barbaridades. Buscar explicaciones extravagantes o esotéricas para la sismicidad no tiene sustento científico. Existen registros geológicos de terremotos que dejan su cicatriz en la Tierra, en las estructuras que se rompen por el movimiento de las placas tectónicas, ya sea por el choque entre placas, por su desplazamiento horizontal o por su separación. Esa es la explicación científica.

Los terremotos existen desde que existe la tectónica de placas, desde que la Tierra comenzó a configurarse con placas tectónicas. Han ocurrido a lo largo de la historia geológica y van a seguir ocurriendo. Pero el verdadero desastre muchas veces es humano. Si construís un edificio mal o no respetás las normas antisísmicas, es responsabilidad de las personas, no de otra cosa.

El caso uruguayo

Uruguay suele considerarse un país de baja actividad sísmica, pero no estamos exentos de que ocurra. De hecho, Sanchéz aseguró que no se trata de que no sucedan, sino que “no suelen medirse”. “Uruguay tiene su historia sísmica”, aseguró. El registro más antiguo data de 1542 y habría tenido una magnitud superior a 6, 3. Según contó la experta, este fenómeno quedó plasmado en un texto de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en la época del segundo Sitio de Buenos Aires.

Sanchéz también señaló otros antecedentes históricos registrados por la prensa, en 1848, en 1884 y 1888. También destacó un evento ocurrido hace 38 años, al que se refirió como “el primer terremoto instrumental”, registrado unos 200 kilómetros al suroeste de Maldonado, con una magnitud de 5,2, según mediciones del Centro de Sismología de la Universidad de São Paulo.

Más recientemente, rememoró el sismo de 2016, en el departamento de Canelones, de una magnitud de 3,4, que habría provocado el colapso de la farmacia Atahualpa. Finalmente, mencionó el evento del 8 de mayo del 2021 en Florida, considerado el terremoto instrumental de mayor magnitud registrado en Uruguay, con una magnitud de 4,4.

¿Cómo evalúas hoy el riesgo en Uruguay?

El riesgo es una sumatoria de varios factores. La probabilidad de que ocurra un terremoto de magnitud importante en Uruguay es baja, pero no es nula. Entonces, con esa información, la pregunta debería ser: si llega a ocurrir, ¿qué le pasa a nuestra ciudad? Uruguay tiene una fuerte concentración de población e infraestructura en Montevideo. Allí viven cerca de dos millones de personas y se concentra buena parte de las funciones más importantes del país. Por eso, el riesgo es mayor que en el interior, donde se concentra el resto de la población.

Eso lo vimos con el terremoto de Florida, que fue el de mayor magnitud registrado instrumentalmente en Uruguay y ocurrió en una zona rural. También ha habido otros eventos en el medio del campo que la gente ni se entera, mientras que algunos, aunque sean muy pequeños, sí son percibidos por la población.

Ahora bien, si tenemos una ciudad con hospitales que no fueron diseñados bajo normas de construcción antisísmica, que no soportan un terremoto de magnitud 5 ni siquiera estoy hablando de uno de 7,5 como el de Venezuela, ¿qué hacemos?, ¿vamos a esperar que ocurra para ver qué hacemos después? Porque esa suele ser la actitud del uruguayo.

Entonces, considerás que Uruguay no estaría preparado.

No, no está preparado. No está preparada la infraestructura edilicia y tampoco hay un control suficiente sobre la calidad constructiva. Cuando se da el final de obra de un edificio, se controla si las paredes están donde indican los planos. Ahora, si a los tres años esas paredes ya están rajadas, muchas veces eso no se revisa con el rigor que debería. Hay problemas estructurales que los arquitectos pasan por alto porque el foco está puesto en verificar que la obra coincida con el plano. El arquitecto quiere ver si el baño está donde dice el plano que tiene que estar, lo demás no le importa. Ese tipo de falta de responsabilidad social es muy común acá. Entonces, un país que no tiene normativa constructiva, que no tiene una gestión de riesgo, siempre termina improvisando frente a una dificultad que plantea un evento natural, ya sea una tormenta, un tornado, o un incendio. No tenemos esos mecanismos suficientemente aceitados. Entonces creo que en eso hay que invertir, que eso es importante, porque le da seguridad a la población.

¿Se han realizado algunas acciones para la prevención?

Nosotros desarrollamos una red de monitoreo a lo largo y ancho del país, con 25 sismómetros. Hay que conocer cuáles son las zonas donde más tiembla y cuáles dónde menos, y también conocer qué infraestructura existe en las zonas donde más tiembla. Hay aspectos que nunca se consideran. Por ejemplo, UTE, cuando gestionó represas en Argentina, estaba obligada a instalar una red sismológica. Acá no lo hace. Entonces tenemos Bonete, Baygorria, Palmar y también Salto Grande sin un monitoreo sismológico por parte de ninguna agencia nacional, que es la nuestra.

Recién ahora, con Casupá, instalamos una red de tres sensores para monitorear la sismicidad en la zona y generar una línea de base antes de que comience el llenado del embalse. Después podremos evaluar si ese proceso produce algún cambio. Creo que fue un paso enorme que el país nos solicitara ese estudio, pero estamos en 2026 y estas son cosas otros países hacen desde hace mucho tiempo. Queda mucho por hacer. Hay que invertir en seguridad nacional. Y cuando hablo de seguridad nacional no me refiero a los asesinatos ni ese tipo de problemas. Uruguay también tiene que invertir en la gestión de riesgos frente a los problemas naturales. El país tiene que hacerlo porque el futuro no es un quinquenio; el futuro es el de nuestros hijos, nietos y las generaciones que vienen. Crecer como país también significa crecer teniendo en cuenta todas las aristas que tiene la existencia humana.