Traslado compulsivo y criminalización
Mientras que el jefe de Policía, Pablo Lotito, fundamentó el operativo en la necesidad de desarticular focos de posibles delitos y brindar acompañamiento, desde el colectivo advierten que la metodología empleada es de carácter represivo. "Trasladar sin consentimiento es castigo con uniforme", sentenciaron, añadiendo que calificar estas acciones como asistencia "es una mentira prolija".
El colectivo también cuestionó la visión que criminaliza a quienes pernoctan en la vía pública: "No somos focos de delito, somos el resultado de una violencia que empezó mucho antes y siempre tuvo dirección". Asimismo, rechazaron que la solución pase por las fuerzas de seguridad, argumentando que "la pedagogía para andar hacia esa meta no pasa por el ministerio del interior ni por la policía", ya que, según su visión, "no sé ha visto, nunca, que los que ejercen los castigos, estén capacitados para ejercer otras pedagogias".
Además, Nitep hizo un llamado a transformar la política pública hacia un modelo de compromiso real basado en vivienda, salud y trabajo, advirtiendo que el operativo actual solo profundiza la brecha social. "La seguridad no se construye sacando a los pobres de la vista. Se construye garantizando derechos antes de que la calle sea destino", concluyeron, definiéndose a sí mismos como "la prueba viva de un sistema que falla y después reprime su propio fracaso".
"Nos están tratando como objetos"
En diálogo con Caras y Caretas, Susana Fernández, integrante de Nitep, confirmó que el colectivo "no está de acuerdo" con el Operativo Calle, por considerar que "el despliegue policial que usa no es una solución real a una problemática que viene desde hace 25 años". Para Fernández, la modalidad elegida por el gobierno se aleja de cualquier intención de ayuda genuina: "No creemos que sea la pedagogía adecuada para transformar a las personas. Al contrario, creo que es peor para la gente", sentenció, asegurando que lo que falta es "un proceso de vinculación y paciencia".
Desde la perspectiva del colectivo, la aplicación de la Ley de Faltas y el traslado compulsivo ignoran las causas estructurales de la indigencia. Fernández cuestionó el relato de que vivir a la intemperie sea una opción personal, preguntándose retóricamente "quién podría elegir morir de hipotermia o parir en una vereda, como suciedo hace algún tiempo".
"Lo que estamos denunciando es que nos están tratando como objetos, están tratando a la gente como objetos, siempre en la misma política de no escuchar, de no acompañar". Para Fernández, el uso de la fuerza desvirtúa cualquier intención de asistencia, asegurando que "pedagogía es acompañar y eso es represión, por más que tenga los objetivos".
Al ser consultada sobre quiénes creen que deberían ser los actores encargados de abordar esta problem{atica, Fernández rechazó la centralidad del Ministerio del Interior. En Nitep son partidarios de una red de trabajo interdisciplinaria que incluya a la sociedad civil, la Intendencia de Montevideo y carteras como Vivienda, Salud y Educación.
Asimismo, resaltó la importancia de abordar la salud mental y los consumos problemáticos sin recurrir a la coacción, apostando por "una forma de transformar a la gente, no de ponerla siempre contra la pared".
Sobre críticas de vecinos y comerciantes
Con respecto a la molestia de los comerciantes y residentes de las zonas de Cordón y Ciudad Vieja ante la cantidad de personas que se instalan en veredas y espacios públicos , Fernández expresó: ."Se entiende que todos queremos vivir mejor, y mejor sería disminuir la situación de pobreza, la violencia y pensar por qué algunos son más ciudadanos que otros. Todos tenemos los mismos derechos. Por ejemplo, podríamos preguntarnos si esta pedagogía de represión que están llevado a cabo ahora, se podría intentar con los más ricos, para que cambien su posición de codicia y apropiación con respecto a la cuestión social".
Finalmente, la representante de Nitep lamentó que, a pesar de haber participado en instancias de diálogo social y reuniones con diversos ministerios, el enfoque educativo y cultural que propone el colectivo no sea tenido en cuenta.
Advirtió que la percepción de las personas de calle como un peligro es, a veces, un reflejo de los prejuicios de la propia sociedad: "tal vez nosotros mismos con nuestra manera de pensar estamos siendo peligrosos también".