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Sociedad pandemia | alimentos |

Legítima Mañana

Red de ollas y merenderos: ¿Cómo se construye hoy la solidaridad en los barrios?

La red de ollas y merenderos sigue activa en Montevideo. Guillermo Benelli, integrante de Solidaridad Carbonera, nos actualiza acerca de las iniciativas.

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Según Benelli, la solidaridad surge de manera espontánea, como respuesta directa a la necesidad. “Se vive y se siente muy cercana”, explicó, al referirse a las múltiples situaciones de vulnerabilidad que atraviesan distintos barrios. En ese contexto, son los propios vecinos quienes se organizan para intentar cambiar esas realidades inmediatas.

De la pandemia a la organización colectiva

Si bien las ollas populares existían antes, fue durante la pandemia cuando se multiplicaron. La imposibilidad de trabajar y sostener ingresos llevó a que muchas familias dependieran de estas iniciativas para alimentarse.

En ese escenario, diferentes grupos comenzaron a reconocerse entre sí. “La misma gente se fue dando cuenta de que en distintos barrios había organizaciones con necesidades similares”, señaló Benelli. A partir de ese diagnóstico surgió la necesidad de coordinar esfuerzos, compartir recursos y pensar estrategias comunes.

Esa articulación dio lugar a espacios más estructurados, como la Coordinadora Popular y Solidaria (CPS), que no solo busca sostener la asistencia alimentaria, sino también organizar, administrar recursos y generar información sobre la situación.

El fenómeno de las ollas y merenderos excede la respuesta inmediata al hambre. De acuerdo con lo planteado en la entrevista, estos espacios también funcionan como redes de contención social y emocional, donde se escucha, se acompaña y se piensa en salidas a largo plazo.

Un informe reciente elaborado por la Universidad de la República, en conjunto con organizaciones sociales, relevó unas 455 iniciativas activas en el área metropolitana hacia fines de 2025. Este estudio permitió no solo dimensionar el fenómeno, sino también identificar sus principales dificultades.

Falta de alimentos y desgaste del voluntariado

Benelli señaló dos problemas centrales que enfrentan hoy estas iniciativas. El primero es la falta de alimentos, que condiciona directamente la capacidad de cocinar y sostener el servicio. El segundo es el desgaste del trabajo voluntario.

“Es un trabajo realmente voluntario”, subrayó, al explicar que la continuidad de las ollas depende en gran medida de personas que dedican tiempo y esfuerzo sin remuneración. A esto se suman otras carencias, como la falta de recursos básicos (gas, insumos, logística), que complejizan aún más la tarea.

Frente a este panorama, las organizaciones realizan distintas actividades para recolectar alimentos y fondos. Una de las más recientes fue un festival en el Parque Rodó, que combinó la recaudación de recursos con la difusión de propuestas.

Entre las iniciativas impulsadas por la Coordinadora Popular y Solidaria, Benelli destacó una en particular: la creación de merenderos en todos los centros educativos públicos, en todos los niveles.

La propuesta surge de los propios datos relevados en los estudios, que indican que la mayoría de las personas que asisten a ollas y merenderos son niños, niñas y adolescentes. “Asegurar la alimentación en los centros educativos no solo garantiza que puedan comer, sino que también alivia a las familias”, explicó.

Además, planteó que esta medida podría generar empleo y constituirse como una política integral, que aborde la emergencia alimentaria desde una perspectiva estructural.

El rol del Estado y los desafíos pendientes

Para Benelli, si bien la solidaridad comunitaria cumple un rol fundamental, la responsabilidad de garantizar el derecho a la alimentación recae en el Estado. En ese sentido, señaló que desde la CPS se han presentado propuestas concretas a las instituciones públicas.

El desafío, sostuvo, es trascender la respuesta inmediata y avanzar hacia soluciones sostenibles. “No se trata solo de cocinar”, afirmó, sino de comprender la complejidad del problema y generar políticas que ataquen sus causas.

En 2026, las ollas y merenderos siguen siendo una pieza del tejido social en Montevideo. Su persistencia refleja tanto la capacidad de organización comunitaria como la profundidad de las dificultades que enfrentan amplios sectores de la población.

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