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Columnas de opinión | Trump | reversa | Venezuela

El poder popular chavista es el mismo de siempre

La guillotina en reversa de Donald Trump

Donald Trump ya sabe que en esta etapa de declinación del imperialismo en lo económico, en lo político y en lo militar, con la guerra proxy en Ucrania, la guillotina de Estados Unidos funciona en reversa.

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"No le voy a regalar a Maduro una invasión", respondió Joe Biden cierta vez cuando se amenazaba con un desembarco de los marines en Venezuela (esa amenaza hace 20 años que es constante). Dijo entonces, sencillamente, que ni invadiendo ni ocupando Venezuela decapitaba al chavismo. Por el contrario, fortalecía a Nicolás Maduro.

En la lógica de Biden, Trump le regaló a Maduro algo más que una invasión, mártires y dos secuestros. Pero debemos tener en cuenta que, si en los términos de Biden, Trump cometió un error, este error fue forzado. Porque la escalada de la Cuarta Flota en el Caribe, el hundimiento de las lanchas, el asesinato de pescadores y el robo de buques tanqueros llegaron el año en que Venezuela fue el país de Latinoamérica con mayor crecimiento económico, de un 6 %; o sea, cuando la estrategia de Obama-Trump-Biden-Trump de asfixia económica, en la doctrina Kissinger, "hacerle aullar a Allende la economía", fracasó.

Donald Trump ya sabe que en esta etapa de declinación del imperialismo en lo económico, en lo político y en lo militar, con la guerra proxy en Ucrania, la guillotina de Estados Unidos funciona en reversa. Si mató al presidente de Irán, Raisi, fue para que la línea de éste se consolidara. Descabezar a la Guardia Revolucionaria fue para que los relevos glorificaran a sus mandos mártires. Lo mismo con Hezbollah. Lo mismo con Hamás.

Pero en Venezuela fue un paso más allá. Secuestró al jefe de Estado para que éste fortaleciese su liderazgo con el poder chavista intacto. Padrino en defensa. Diosdado en interior. Delcy Rodríguez, presidenta encargada, que no deja de señalar a Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

George Kennan se revuelve en su tumba.

Kennan diseñó la victoria yankee en la llamada Guerra Fría con un plan de contención de la Unión Soviética, pero cada vez que el Departamento de Estado decapitó a un presidente —ya fuese alguno de los tres suyos o a los extranjeros—, lo hizo teniendo para relevo a alguno que le era afín. Cuando bombardeó Guatemala y derrocó a Árbenz, completó la contrarrevolución que siguió con 40 años de guerra. Cuando bombardeó Plaza de Mayo y luego derrocó a Perón, tenía a Aramburu. Cuando derroca a Noriega, lo secuestra, bombardea Panamá, ya tenía previsto a corto plazo la asunción de Guillermo Endara. Lo mismo cuando por interpósito ejército secuestró a Mel Zelaya en Honduras, tenía preparado a Hernández. Así siempre, cuando derrocó a Bosch, cuando bombardeó Dominicana, en todos y cada uno de los países del Plan Cóndor y en el Brasil de Goulart.

Ahora Trump apoya a Delcy Rodríguez, es decir, a la continuidad de Nicolás Maduro, a la vez que desecha a Corina Machado develando la verdad: "No tiene el apoyo ni el respeto del pueblo". ¿Pero no era que le había ganado las elecciones a Maduro con su sosías Edmundo González? La Cancillería uruguaya, que se abrogó la competencia del Consejo Nacional Electoral venezolano, debería tomar nota.

El poder popular chavista es el mismo de siempre. El Gobierno sigue siendo chavista. La fórmula de la victoria sigue siendo la misma: unidad, movilización, negociación. El Gobierno, con las mismas palabras de Chávez y de Maduro, reivindica la cooperación entre iguales con todos los países, incluido Estados Unidos, y por sobre todas las cosas la soberanía, la independencia, el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos y, sobre todo, la paz en nuestro continente de paz, nuestra América.

Pero si Estados Unidos deja de decapitarse por decapitarnos y pone tropas ocupantes en el territorio, la lucha va a ser muy sangrienta, pero la victoria va a ser de la resistencia en guerra irregular, no convencional, de guerrillas. Mientras tanto, pueden ir por Delcy y por los siguientes. Siempre habrá otros, claro que habrá otros, dignos de continuarla.

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