Una etiqueta con peso
Esa etiqueta, asegura, tiene un peso que excede lo burocrático. “Socialmente también es incómodo. En reuniones o charlas informales, cuando surgía que estaba divorciada, se notaban miradas distintas, como si se levantara una barrera invisible”, recordó. En su familia, de tradición conservadora y matrimonios largos, la separación tampoco fue fácil de asumir, lo que profundizó su sensación de soledad.
De esa experiencia nació la decisión de dar pelea. En un primer momento pensó en hacerlo junto a su exmarido, pero finalmente avanzó sola, acompañada por su amiga y abogada, Tamara Altamirano. Presentaron el pedido en la ciudad de Rosario, con pocas expectativas pero con convicción.
En 2023, el juez de primera instancia del Fuero Civil rechazó el planteo sin abrir la causa ni habilitar la producción de pruebas. “Ni siquiera se nos permitió demostrar el perjuicio emocional”, explicó Marcela. El reclamo se apoyaba en la idea de que el divorcio es uno de los duelos más significativos en la vida de una persona y que el Estado debería evitar prolongar sus secuelas.
Un rótulo “estigmatizante”
Para la defensa, el estado civil forma parte de la identidad, al igual que el nombre o el género. “No puede justificarse solo con el argumento de que ‘siempre fue así’”, sostuvo Altamirano, quien describió el impacto del rótulo como “estigmatizante” y lesivo para la dignidad humana.
La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rosario también rechazó el pedido en mayo pasado. Los jueces consideraron que quien contrae matrimonio no puede volver a ser soltero y que no se demostró una colisión entre el estado civil de divorciada y los derechos constitucionales de la demandante.
Tras esos fallos, Marcela y su abogada decidieron ampliar la estrategia. Hoy trabajan en el plano académico, a través de investigaciones y tesis, y buscan abrir el debate en el ámbito legislativo para que el tema llegue al Congreso. Sostienen que los derechos personalísimos no pueden quedar congelados y deben adaptarse a los cambios sociales.
La iniciativa no tiene antecedentes en la Argentina ni en otros países de la región, aunque sí existen casos en naciones como Estados Unidos o Italia, donde es posible volver a figurar como soltero tras un divorcio. “No estamos en contra del divorcio, al contrario. Queremos que sea real, que cierre un ciclo y no que deje una marca de por vida”, afirman.
Mientras tanto, Marcela sigue contando su historia con la esperanza de que su reclamo abra un debate más amplio. “No es un capricho. Es una cuestión de dignidad. El divorcio debería ser un punto final, no una etiqueta eterna”, concluye.