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Mundo EEUU | Cilia Flores | Nicolás Maduro

Desde Caracas

Crónica de los bombardeos de EEUU contra la soberanía venezolana

EEUU bombardeó Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores. Más de 60 soldados, entre cubanos y venezolanos, cayeron en combate, pero también fueron asesinados civiles. El fin de las garantías jurídicas internacionales.

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A la exacta hora cero, tanto del veinticuatro como del treinta y uno de diciembre, mientras el cielo de Caracas se iluminaba de fuegos artificiales y sus estruendos, acompañados de los sonidos de risas y copas brindando, pensaba cómo sería el sonido de los misiles al explotar, esos con los que nos venía amenazando, desde octubre del año pasado, el Ejército de Estados Unidos (EEUU).

Sin embargo, mi curiosidad quedó en calma con la entrevista del primero de enero al presidente Nicolás Maduro, que le realizó el periodista Ignacio Ramonet, manejando y caminando por las calles de la capital venezolana, y que fue transmitida por varios medios locales.

El dos de enero, la ciudad retomó el ritmo habitual de trabajo luego de las fiestas navideñas, con aletargamiento provocado por un estado casi de licencia. Pero, poco antes de las dos de la madrugada de la calurosa noche del tres de enero, el sonido de un zumbido de motor no habitual a los que entran por la ventana del dormitorio me despertó e inmediatamente inundó el cuarto el sonido una explosión potente, grave, seca, retumbante.

“Están bombardeando” fue la frase que recorrió la vivienda, y empezó a “inundar” la pantalla del celular; preparándome para afrontar esta eventualidad mientras se seguían escuchando los aviones, esperando una nueva explosión y con cierta calma, porque la primera no hizo retumbar la vivienda (luego confirmamos que era en Fuerte Tiuna, a 10 kilómetros de donde me hallaba), la información llegaba en desorden, confusa; se llegó a hablar de golpe de Estado, de fuego sedicioso, de bombardeo al Palacio de Miraflores.

De a poco las órdenes fueron organizando el panorama. Ante riesgo de más bombardeos se aconsejaba no salir a la calle ni circular.

Poco antes de las tres ya no se escuchaban aviones y empezaban a circular videos tomados por la gente de las zonas bombardeadas, y empezaba a crecer el rumor de que habían secuestrado al presidente Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores.

Caminando hacia mi puesto distante a nueve kilómetros en medio de la madrugada, transitando una desolada ruta, pero la más importante de Caracas (la Cota Mil), la escena resultaba extraña, como quien trata de recordar una pesadilla que lo ha despertado. La ciudad lucía en calma vista desde esta zona de Caracas, como si el bombardeo de hacía un par de horas atrás nunca hubiera pasado.

El dolor palpable

Los videos que circulaban de los misiles cayendo sobre los distintos objetivos son idénticos a los que nuestras retinas ya están adiestradas a ver en otros ataques contra ciudades nocturnas realizados por Israel o los Estados Unidos. Pero a las 7 de la mañana, cuando ya el pueblo se autoconvocaba a concentrarse en señal de repudio y exigiendo conocer si Nicolás Maduro y su esposa estaban con vida, empezaron a circular las primeras señales de los estragos físicos y humanos.

Ahí comprendí que, a pesar de seguir el día a día del maldito genocidio contra el pueblo palestino, para poder dimensionar ese horror me faltaba esta sensación que de a poco iba asimilando. Porque en ese cuerpo desmembrado de un civil o de un militar puedo reconocer su idioma, su humor, su forma de expresarse, sus tiernas menciones a sus chamos y sus panas, su arrecho carácter ante la agresión y su voluntad de combate mientras insulta disparando un “coño de tu madre” y abre fuego en el medio de un caos generado por los yanquis, que le valen verga.

Amanecer sin presidente

El primer día del año, el presidente Nicolás Maduro ofrecía su entrevista como desde hace una década al periodista Ignacio Ramonet. La entrevista se hizo con un formato novedoso para cómo se venían haciendo, que fue hacerla primero dentro del auto del propio Maduro, recorriendo las calles de Caracas, y luego a pie en la misma ciudad.

Ahora se sabe por boca del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que el ataque estaba previsto para el 30 de diciembre, pero fue postergado por las condiciones climáticas; el ataque del tres de enero, si se toma en cuenta el tono usado por el presidente venezolano y algunas de las afirmaciones realizadas, parece injustificado. “Al pueblo de Estados Unidos le digo que aquí, en Venezuela, tiene a un pueblo amigo”, expresaba el mandatario como una clara señal de la actitud de paz que venía abonando. Y aún a sabiendas del objetivo que el imperio persigue sobre los recursos naturales, aclaraba: “Si quieren petróleo de Venezuela, está lista Venezuela para inversiones estadounidenses como con Chevron, cuando quieran, donde quieran y como quieran”.

Sin embargo, en esa entrevista, Maduro alertaba que luego de la única llamada telefónica mantenida con el presidente Donald Trump, el tono de los mensajes que se recibían había dejado de ser “amable”: “Y creo que fue hasta agradable esa conversación. Pero de ahí las evoluciones pos conversación no han sido agradables”, expresó.

Hace un año atrás, un 10 de enero, yo participaba del juramento de Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Asesinatos de civiles

De los distintos testimonios que se fueron a recoger, elegimos algunos realizados por los colegas de Ceiba. “La madrugada del 3 de enero, Tibisay Suárez dormía plácidamente en su cama cuando un misil impactó en su edificio, en la urbanización Soublette de Catia La Mar, en el estado de La Guaira, a medio kilómetro de la base naval de Mamo. La detonación, la onda expansiva y las esquirlas la dejaron en estado crítico de salud, con 500 puntos en la cabeza, fracturas en ambas piernas y en un brazo.

Su amiga y vecina Rosaelena González no corrió con la misma ‘suerte’: falleció en el acto. La asesinaron los gringos, con sus misiles que matan tanto a civiles como a militares, a chavistas y a opositores”.

Ceiba también “visitó la comunidad bombardeada en la comuna Rómulo Gallegos, ubicada en Catia La Mar, estado de La Guaira. Germán Acosta nos relató cómo esta comunidad de casi cinco mil familias está reconstruyendo sus viviendas, en trabajo conjunto con el Gobierno venezolano, y el acompañamiento que entre vecinos y vecinas se brindan para sobrellevar el impacto físico y emocional de la invasión gringa”.

Otras revoluciones

Si bien la revolución bolivariana mantiene la mística de las luchas de liberación que conoció el continente, ni la revolución bolivariana es la cubana (por hablar de las revoluciones en el continente) ni este ejército de Estados Unidos es el de los 70. Tampoco parece sostenerse como criterio ante el enemigo “inmolarse” entregando la vida como Salvador Allende o Ernesto Che Guevara. El propio Fidel Castro, durante el asedio de las fuerzas golpistas a Chávez, aconsejó a éste preservar los principios y la dignidad pero no hacerse matar, ante una derrota que parecía inevitable.

El secuestro de Nicolás Maduro y su esposa (quien se negó a no ir con su marido) es la expresión de un escenario donde las fuerzas del imperio han modernizado su estrategia ofensiva y desarrollado tecnológicamente su capacidad militar. Pero también es la expresión de cómo las nuevas revoluciones, ésta en particular, debe prever seguir garantizando gobernabilidad e institucionalidad al proceso, y transformar una derrota militar en la posibilidad de continuar la batalla política.

El pueblo venezolano sigue movilizado exigiendo la liberación de su presidente mientras el Gobierno de Delcy Rodríguez se encuentra consolidando, en las difíciles circunstancias, la continuidad del modelo revolucionario.

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