La narrativa de la escuela incluyó referencias a figuras del reciente conflicto institucional brasileño. El expresidente Jair Bolsonaro fue representado en distintos pasajes, mientras que también aparecieron alusiones al exmandatario Michel Temer y al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Esa inclusión reforzó la tradición del carnaval como espacio de sátira y comentario político, ampliando el homenaje biográfico hacia una lectura más amplia de la coyuntura reciente.
Polémica
En paralelo, el episodio derivó en cuestionamientos judiciales desde Brasilia. El Partido Novo sostuvo que podría configurarse una precandidatura anticipada, mientras que la senadora Damares Alves y el diputado Kim Kataguiri plantearon posibles daños al patrimonio público. De acuerdo con el informe, ambas acciones fueron desestimadas por la Justicia, lo que impidió que prosperaran los argumentos presentados.
Desde el Palacio Presidencial se adoptaron medidas para evitar interpretaciones sobre el uso de recursos públicos. Lula asistió al desfile completo de las cuatro escuelas que participaron esa noche, no solo a la que lo homenajeó, y se indicó a los ministros que, en caso de viajar al carnaval, lo hicieran por sus propios medios, sin utilizar aeronaves oficiales ni fondos estatales.
Así, el homenaje en Sapucaí se consolidó como un gesto cultural de fuerte carga simbólica hacia la trayectoria del presidente brasileño, en un escenario donde la celebración popular y la disputa política conviven, pero donde el centro de la escena estuvo puesto en el reconocimiento a una figura que marcó la historia reciente de Brasil.