La conmemoración del medio siglo del golpe de Estado liberticida dispara, sin dudas, pertinentes reflexiones sobre el circense boato de la sesión solemne del Senado de la República -que mereció un amplio despliegue mediático- y en torno al multitudinario acto del movimiento sindical realizado en La Teja, que fue casi ignorando, salvo por medios alternativos, como Caras y Caretas y TV Ciudad.
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Con respecto al primer episodio, que igualmente propició momentos de alta emotividad, como la recuperación de los últimos discursos del senador comunista Enrique Rodríguez, su colega blanco Wilson Ferreira Aldunate y el legislador batllista Amílcar Vasconcellos, antes de la clausura del Parlamento, lo más resaltable fue la multitud congregada en torno al palacio de las leyes, que encendió velas y procesó su propia e íntima vigilia, en una noche fría y brumosa.
Empero, la ceremonia oficial, que tuvo más un clima festivo que de austero recogimiento, porque realmente no se estaba celebrando nada, fue, a nuestro juicio, una suerte de farsa.
En efecto, tres de los cuatro partidos con representación parlamentaria estuvieron -de uno u otro modo- involucrados con la dictadura. No en vano, el golpe lo perpetró un mandatario colorado, Juan María Bordaberry, y los partidos tradicionales colaboraron, a través de algunas de sus más destacadas figuras con el monstruo autoritario. En tanto, Cabildo Abierto, que por entonces no existía, integra en sus filas a muchos golpistas y se ha manifestado reiteradamente como alineado con la dictadura.
Me generó repulsa la actitud hipócrita de los dos expresidentes Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle Herrera, entonando el himno nacional con una mano sobre sus corazones, al igual que el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, y la vicepresidenta, Beatriz Argimón. En efecto, el primero fue el arquitecto de la ley de impunidad, que perdonó los aberrantes crímenes de los delincuentes uniformados, y el segundo avaló con su voto, en aquel ya lejano diciembre de 1986 en el Senado, una norma groseramente inconstitucional que exoneró a los energúmenos uniformados de toda responsabilidad penal y, luego, para expulsar del cuerpo legislativo al senador frenteamplista José Germán Araújo, por haber transmitido en el plenario toda su indignación por un acto tan espurio como perdonar a los parteros del terrorismo de Estado.
En tanto, la actitud del expresidente José Mujica y de su esposa, la exvicepresidenta Lucía Topolansky, fue ponderada y muy acorde a la solemnidad del acto, porque no había nada para celebrar.
Por otra parte, el casi ignorado acto del movimiento sindical fue un testimonio de compromiso con las instituciones, denuncia de la dictadura y de los cómplices de esa pesadillesca experiencia histórica. También se fustigó la persistencia de prácticas espurias en el presente, con tufo autoritario.
En ese marco, el único motivo de celebración fue la evocación de la heroica huelga general convocada por la Convención Nacional de Trabajadores, que generó la ocupación de fábricas, empresas y oficinas públicas, la cual culminó con el desalojo compulsivo, brutal represión, detenciones arbitrarias, masivos despidos y la ilegalización de la central obrera, con la aquiescencia de la clase empresarial.
El orador fue el presidente del sindicato de Antel e integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, Gabriel Molina, quien dijo lo que tenía que decir, ante una multitud enfervorizada, integrada por personas de varias generaciones, entre ellas veteranos militantes curtidos por haber afrontado unas cuantas batallas sindicales, que se manifestaron profundamente conmovidos hasta las lágrimas.
En su discurso y fiel a su estilo frontal, Molina reclamó abrazar solidariamente a las y los trabajadores del gas que se encuentran en conflicto, cuestionó duramente el rumbo del gobierno y recordó distintos apoyos que recibió la dictadura cívico militar por parte de algunos actores de la escena política.
“Lacalle, le diste la espalda a la verdad y la justicia al no concurrir a la actividad que por las ‘muchachas de abril’ se realizó recientemente en el Palacio Legislativo”, afirmó enérgicamente.
Al respecto, recordó que algunos, “como la Asociación Rural y el diario ‘caganchero’, El País, acompañaron el golpe de Estado”, criticando que el matutino publicó las fotos de los dirigentes de la CNT y llamó a denunciarlos ante las autoridades dictatoriales”.
Al respecto, recordó que durante la primera presidencia del frenteamplista Tabaré Vázquez, la Cámara de Industria hostilizó al gobierno para que no avanzara en reformas favorables a la clase trabajadora. “El movimiento sindical salió a la calle a defender la democracia, porque la clase obrera hoy, mañana y siempre no fallará”.
Incluso, no soslayó la presente emergencia hídrica y el agua salada que deben consumir casi dos millones de uruguayos, con altos niveles de salinidad, cianobacterias y otros contaminantes. “Es responsabilidad de un gobierno que no mira [a todos] con el mismo lente, ya que cuando el sector agropecuario se vio afectado, lo apoyó y no hizo lo mismo con la gente que no puede comprar un bidón de agua”. Mientras tanto, “sigue adelante con el proyecto Neptuno y destroza lo que se aprobó en un plebiscito” en defensa de las empresas públicas.
También fustigó la portabilidad numérica aprobada en el marco de la LUC, que a Antel “no le movió la aguja. El movimiento sindical tenía razón cuando dijo que era un negocio para los privados”. También preguntó “qué plata le quedó a Antel con el negocio de 21 millones de dólares que les dieron a los canales privados 4, 10 y 12”.
Denunció, por supuesto, los recortes en presupuesto e inversiones en las empresas públicas y la falta de personal para atender los servicios de mantenimiento, que perjudican a la población, en una coyuntura de emergencia como la de la sequía. En tal sentido, condenó “la embestida conservadora, que pretende hacer retroceder derechos conquistados, lo que la clase trabajadora no permitirá”.
Con relación a la próxima ronda de los Consejos de Salarios, la última de este período, puntualizó que el movimiento sindical dará batalla para defender sus intereses, destacando la fortaleza de las empresas públicas, que hoy están en riesgo de desmantelamiento.
Con respecto a la reciente aparición de restos humanos en el Batallón 14, reiteró su enérgico reclamo de verdad y justicia, con respecto a los crímenes y particularmente a los desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. “Mientras esto pasaba, el presidente Luis Alberto Lacalle le daba la espalda a la verdad y la justicia, al no participar del reconocimiento que se hizo a las ‘muchachas de abril’ en el Palacio Legislativo”, reprochó.
La Teja, barrio obrero por excelencia donde nació el inolvidable presidente Tabaré Vázquez, se impregnó de entusiasmo y pasión combativa, en un día de reafirmación de la unidad de la clase obrera y su inclaudicable compromiso de luchar por la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados.
Por supuesto, el “nunca más terrorismo de Estado” atronó el ambiente, como un grito de batalla que sacudió las raíces de los árboles, en homenaje a aquellos héroes que, hace 50 años, enfrentaron la dictadura ocupando lugares de trabajo y resistiendo hasta donde se pudo, en el comienzo de la larga noche autoritaria.