La entrevistada subrayó que las adultas mayores “también son víctimas de maltrato, discriminación, violencia e incluso abuso sexual”, una problemática que, a su entender, se profundiza en la medida de que “se suele aprovechar de la fragilidad que da la edad” asociándola, erróneamente, a enfermedad e incapacidad. “No todas las personas mayores están enfermas. Tenemos que quitarnos esa idea de la cabeza”, sugirió la dirigente asegurando que, muchas veces, decirle a una persona adulta mayor “vos no entendes o caminá más rápido” es una forma de institucionalizar la discriminación y el maltrato.
La secretaria de Onajpu identificó al edadismo como una de las principales formas de discriminación que enfrentan las mujeres mayores. “Daría la sensación que cuando la mujer deja de producir solo sirve para cuidar nietos o a alguna persona en la casa. Está bien si se hace por amor, por dedicación, por colaboración, pero no por obligación”, afirmó. En esa línea, reivindicó el derecho que tienen las mujeres adultas a “seguir aprendiendo, a disfrutar de la vida, de un paseo, una distracción, a socializar con nuestros pares. Eso es lo que nos da calidad de vida”.
La feminización de la pobreza en la vejez es otra de las dificultades que padece esta población. Al respecto, Ovelar explicó que las trayectorias laborales de las mujeres, atravesadas por tareas de cuidado no remuneradas y empleos más precarios, impactan directamente en sus jubilaciones. “Las que cuidamos siempre fuimos las mujeres, muchas veces dejando de lado un trabajo de mejor calidad para cuidar la familia. Y eso hace que a la larga tus aportes a la seguridad social sean menores y eso se siente”, señala. Añadió que, incluso ante igual tarea, los varones suelen acceder a mejores salarios y ascensos, lo que deriva en jubilaciones más altas. El resultado es visible: en los complejos habitacionales destinados a quienes perciben hasta 12 unidades reajustables, “el 90 % son mujeres solas”.
Otras de las problemáticas actuales que, de acuerdo a la dirigente, “tiene a las adultas mayores de rehenes” es la violencia digital. Al respecto, Ovelar remarcó que el lenguaje informático muchas veces es incomprendido por personas mayores, algo que se observa cuando tienen que solicitar algún servicio en organismos del Estado o en las mutualistas. En tal sentido, remarcó la importancia que tuvo el Plan Ibirapitá para la inclusión tecnológica de las personas mayores, lo que a la vez las expone a nuevas formas de abuso. “El aprendizaje digital es inclusión, pero también debemos de prepararnos a la violencia”, dijo, al tiempo que reclamó estrategias preventivas frente a estafas y manipulaciones en entornos virtuales.
La “soledad no deseada” de algunas mujeres mayores y la problemática del suicidio en la tercera edad también preocupa y ocupa a Onajpu, señaló Ovelar. “Tenemos que empezar a hablar de la prevención del suicidio. En este caso, se trata de una problemática que afecta más a los hombres, pero que también deriva en que haya muchas más mujeres viudas”.
En materia de propuestas, la Onajpu impulsa revisar la baja a las pensiones por viudez y reducir los costos de medicamentos, órdenes y copagos de las mutualistas, así como la creación de un organismo específico para el acceso a la justicia para personas mayores. Por otro lado, celebra la existencia de las asociaciones de jubilados y pensionistas —“la columna vertebral” de la organización— que son, según Ovelar, espacios de participación y ciudadanía que fortalecen la autonomía femenina. “Estos espacios posibilitan que la mujer se socialice, que tenga un lugar donde participar, ya sea en una comisión directiva, tejiendo, jugando a las cartas, haciendo gimnasia o en un paseo, porque también el turismo social es calidad de vida y tiene que estar al alcance de todos”.
Para finalizar, Ovelar enfatizó que “el principal desafío” de cara al resto del periodo es “insistir en la igualdad de derechos y oportunidades, pero que se concrete en la vida real”.