Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Cultura y espectáculos Tacua Noise | música |

Crónica

Tacua Noise: la temperatura de lo invisible y un hijo del mar que se encontró en el agua dulce del Iporá

Tacua Noise (Tacuarembó y ruido o sonido). Usualmente más asociado a "ruido" pero si hay algo que este fenómeno no hace, es aturdir

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Noise puede traducirse como ruido o sonido, pero sobre todo, es más usualmente asociado a "ruido", y si hay algo que este fenómeno tacuaremboense no hace, es aturdir. Su sonido emerge, se escucha, inspira.

El año pasado escribí sobre la edición 2024 del festival Tacua Noise en el departamento de origen (Tacuarembó) cuando ya iba por su sexta edición. No recuerdo bien cómo fue que me enteré pero su manejo irreverente de la estética impecable de los diseños de Gabriel Ameijenda y su arte maravilloso, creo que fue de lo primero que me acercó a este movimiento que luego me llevó a encontrar su sonido. Yo ya sentía una enorme intriga y curiosidad por Tacuarembó y su historia constantemente fértil artísticamente. Mi hermana mayor ( Laura Martínez Coronel, poeta que supo ser columnista colaboradora de este medio, siempre me hablaba de su admiración por Circe Maia a quién - por suerte - pudo llegar a conocer y casi desmayarse cuando Circe le dijo que la leía y sacó uno de sus libros de su biblioteca y se lo mostró). También el hecho de seguir la cuenta del medio Bloque Radio (que hace tanto por la difusión de la cultura) y justo ellos estaban organizando un viaje ida y vuelta con entrada al festival, y ese ómnibus que transportaba tanto concurrentes como músicos, ellos decidieron denominar Bloqueneta. En 2025 lo volvieron a hacer y , lógicamente, me sumé.

Tacuarembó cuenta con una geografía que parece quieta, atravesada por un calor que no se mueve, pesa, y sin embargo, vibra.

Vibra como vibran las cosas que no se explican del todo. Como vibran las preguntas que no encuentran respuestas inmediatas (y quizás, nunca las encontremos).

Tacua Noise no nació como festival ni como marca. Nació como una necesidad de encuentro. Como una frecuencia compartida. Como un gesto insistente que se repite ya desde hace siete temporadas y que, lejos de agotarse, se multiplica.

No hace ruido para tapar el silencio: lo hace para escucharlo mejor

En el centro de esa vibración están Natalia Soboredo y Federico Cáceres, tacuaremboenses, compañeros de vida y de sensibilidad artística, creadores de este espacio que es a la vez escenario, refugio y pregunta abierta.

Integrantes de Julia Lunar, que recientemente editó su primer disco a través del sello Little Butterfly Records, y de Incluso si es un susurro soviético, encarnan una de las paradojas más bellas del movimiento: sonidos que remiten a climas gélidos, paisajes lejanos, inviernos densos, nacidos en una de las zonas más hirvientes del verano uruguayo.

Esa aparente contradicción no es estética: es política del sentir.

El frío como lenguaje emocional.

La melancolía como forma de resistencia.

Porque Tacuarembó siempre fue eso: una tierra donde la creación crece hacia adentro. Donde Washington Benavides vio arder sus libros en la plaza principal por pensar distinto, y aún así las palabras sobrevivieron.

Donde Circe Maia escribió poemas que todavía funcionan como brújula.

Donde Darnauchans cantó al norte como quien canta una herida abierta.

El arte sin mesura de Dani Umpi.

Donde nació Mario Benedetti, aunque la pertenencia —como todo lo importante— nunca haya sido literal.

Tacua Noise recoge ese hilo y lo estira hacia el presente.

Sí, a diciembre de 2025. El calor cae como una losa. El aire no corre. Pero algo se mueve.

Llegan personas desde distintos puntos del mapa y desde distintos momentos de su propia historia. Del norte, del sur, de Argentina, de Montevideo.

Algunos viajan por curiosidad, otros por fidelidad, otros porque no saben bien por qué pero sienten que tienen que estar ahí.

El viaje ya es parte de la obra. La Bloqueneta avanza como un organismo vivo: músicos, periodistas, bandas, conversaciones cruzadas, silencios compartidos. Las Tussi, banda punk de Argentina, llegan con la urgencia eléctrica del grito. Los Voluntarios —Andrés Coutinho de Eté y Los Problems y Juan Mitz, ex Motosierra— se mezclan sin jerarquías.

Como si la historia del rock alternativo uruguayo pudiera guardarse en una mochila y volver a desplegarse cuando haga falta

Cuando comienza el festival, las fronteras se disuelven.

El escenario no es un pedestal: es un punto de paso.

La gente sube, baja, vuelve, se pierde entre el público.

De Montevideo llegan Julen y la gente sola (que además de hacer su música, interpretó "El Juego de la Silla" de Bruma Cabra Club, disco póstumo de Tüssi Dematteis) , con su poética filosa y frágil; Deforma, tensando el aire; Amigovio —ex Carmen Sandiego — mezclando gótico, electrónica, pop y rock como quien arma un collage emocional. De Tacuarembó emergen Niño Gutiérre (uno de los artistas predilectos de Ernesto Tabárez de Eté y los Problems), Walixce Jasy, Julia Lunar, Incluso si es un susurro soviético. No como representantes locales, sino como parte de un pulso común.

Juego de la silla de Bruma Cabra Club por Julen y la gente sola

En el público, que nunca es solo público, se reconocen rostros y trayectorias: Tallo, Calavero, integrantes de Alucinaciones en Familia, de Jesxs Negrx y lxs Pxtxs. Músicos que pasan del escenario al pogo y del pogo al escenario con una naturalidad que anula cualquier idea de estrellato.

La escena fluctúa.

Nada se fija.

Todo circula.

Ernesto Tabárez llega después de haber tocado el cielo con las manos: los 20 años de Eté y Los Problems celebrados con un Teatro de Verano de Montevideo colmado. El pico del éxito. La postal perfecta. Y, sin embargo, después de lo más grande aparece el vacío. ¿Qué queda cuando ya ocurrió todo?

La respuesta no fue consciente. No fue planificada.

Fue búsqueda de sentido a lo Viktor Frankl, impulso e instinto.

Un hijo del mar —como dice la canción “Hijos del Mar”, del disco Plata — encontrando su reflejo en el agua dulce del Iporá, en Tacuarembó. El sur reencontrándose con el norte. La sal y lo dulce mezclándose sin conflicto. Ernesto cantando a Darnauchans así como también versionando a Dani Umpi, compartiendo canciones, bailando bajo un calor que no perdona. Siendo uno más.

Canción 2 de San Gregorio de Darnauchans interpretado por Ernesto Tabárez - Tacua Noise 27.12.2025
Ernesto Tabárez y Andrés Coutinho de Eté y Los Problems en Tacua Noise - 27.12.2025

Tacua Noise funciona como una comunidad momentánea. Un estado transitorio donde nadie es solo lo que vino a ser. Donde debutar en un escenario es posible. Donde uno de los artistas puede decir, sin solemnidad, que Circe Maia es su tía abuela, y esa frase no pesa como linaje sino como cercanía.

Tal vez lo más poderoso sea eso: la normalidad de lo extraordinario

La sensación de que crear no es un acto heroico, sino un gesto cotidiano que se hereda, se contagia, se vuelve hábito.

Todos llegamos con preguntas. De distintos países, de distintas escenas, de distintas edades. Y tal vez nadie quiera realmente respuestas. Porque Tacua Noise no está hecho para cerrar sentidos. Está hecho para mantenerlos abiertos.

Se replica en otros departamentos. Tendrá su segunda edición montevideana el 22 de agosto de 2026 y su octava edición de origen el 26 de diciembre de 2026 (vayan reservándose esas fechas, créanme) y algo sigue ocurriendo ahí, en ese punto exacto donde el calor inmoviliza y la música avanza. Donde el ruido deja de ser interferencia y se vuelve memoria activa.

Una geografía que no se explica.

Se transita.

Se repite.

A la que se debe volver... con o sin la frente marchita.